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Filosofía Contemporánea

“Filosofía Contemporánea” es una asignatura obligatoria del máster en Humanidades: arte, literatura y cultura contemporáneas.

La asignatura que presentamos, Filosofía contemporánea, quiere centrarse en algunos de los debates sobre los tres temas que, como Kant posó de manifiesto, podemos decir que centran la atención de la filosofía: conocer, actuar, esperar. Nos preguntaremos por la condición humana en el s. XXI, por aquello que podamos -o creemos poder- conocer, por las condiciones y los límites de este conocimiento, por cómo esto que sabemos o creemos saber condiciona o justifica nuestras acciones morales y políticas y, por lo tanto, la vida social. Nos preguntamos también por aquello que como individuos y como miembros de determinadas sociedades esperamos tener o encontrar, aquello que da sentido y valor, al hacer nuestro de cada día. Raso y corto, nos preguntamos por el sentido de nuestra condición humana y, por lo tanto, por aquello que sabemos, basura y esperamos.

Preguntémonos, por ejemplo, a la manera como hace Hannah Arendt en el artículo “La conquista del espacio y la estatura del hombre” (lectura de la asignatura) si la biotecnología, los superconductors o la nanotecnología nos catapultan en nuestra posición dentro de, como mínimo, el sistema solar. Es este una señal de nuestra grandeza? O, bien al contrario, los encara centenares de conflictos armados y violencia casi diaria, y las miríadas de personas “sobrantes” que han quedado fuera del sistema económico capitalista o que sobreviven, todo y su trabajo, en condiciones de miseria, nos niegan esta grandeza y nos hunden en el barro de la historia y nos dejan en las zarpas del león que se come indiferente al personaje de Leopardi que angustiado preguntaba a la Natura por su indiferencia?

Si en algunos aspectos podemos comportarnos como manantiales, interviniendo en procesos elementales de creación de la vida, o descubrimos el negativo de la materia que nos tiene que explicar la infinitud del universo, podamos por eso estar seguros de acercarnos, como dice Stephen Hawking al final de su libro Historia del tiempo, al conocimiento de la mente de Dios? Es decir, estamos tan a la borade descubrir las leyes que regulan el universo? O, a pesar del que a veces parece, estamos lejos de la verdad (incluso de la posibilidad de afirmar su “evidencia”) y tan solo construimos magníficos espejismos al servicio del poder o como efectos de poder? Es decir, unas pocas respiraciones más del magnífico universo y los desgraciados animales que inventaron el conocimiento desaparecerán carbonitzats.

Seamos algo más modestos en nuestros interrogantes: Hasta qué punto el conocimiento que adquirimos, guardamos y transmitimos, y que nos ha llevado desde un primer tronco para cruzar un río al más lujoso transatlántico o imponente lleva-aviones, nos puede guiar o nos guía a la hora de articular nuestra vida social y personal. Por qué no tenemos soluciones por los pequeños problemas que diariamente nos rondan?

En buena parte, la manera en como sepamos hacer frente a estos interrogantes -u otros de más exiguos- y la manera en cómo buscamos y damos una respuesta, condiciona no solo la naturaleza de nuestro conocimiento, sino la propia condición humana, el sentido y el valor de la vida. La condición humana, la posibilidad del ser humano, de elevarnos a cumbres de luz y verdad o arrastrarnos como animalitos por cavernas de oscuridad y prejuicios está presente en los mitos fundadores del pensamiento filosófico occidental. Pico DellaMirándola lo ilustró en la figura del “Gran Camaleón”. El ser humano está desproveído de esencia, desfigurado, no tiene más que la capacidad (potencia sin acto) de engendrarse como cualquier cosa. Esta, pero, no es una tarea solo de la voluntad o del individuo, sino social y colectiva. Como muchos pensadores contemporáneos se han ocupado de señalar (J. W. Mijos, Beck, Bauman) vivimos y sufrimos de forma personales y buscamos soluciones biográficas en problemas que a menudo son estructurales y sociales, y que tienen que tener una respuesta (como su solución o disolución) colectiva y social. La filosofía, como el humanismo en general, tiene entre sus valores principales, sino el más importante, el darnos criterio para orientarnos en el mundo.

Francesc Núñez es el profesor responsable de la asignatura y el director del máster.