Game of Thrones, al desnudo

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Melisandre desnuda en la bañera

El rodaje de la sexta temporada de Game of Thrones en Girona ha reavivado el interés público y mediático por dicha serie. De hecho, hoy la ficción televisiva vive una edad de oro e, incluso, su impacto ha llegado a las aulas. Así, y dentro de los Seminarios de Otoño de la UOC, se ofrece una nueva edición del curso Novísima/clásica ficción serial televisiva, a cargo del profesor y especialista Óscar González. Coincidiendo con el próximo aniversario del escritor, 67 años el 20 de septiembre, George R. R. Martin (autor de la saga A Song of Ice and Fire en qué se basa la serie Juego de Tronos), el profesor González reflexiona sobre una de las características más comentadas de esta adaptación: los frecuentes desnudos.

(ATENCIÓN: se incurre en numerosos spoilers, en particular de la quinta temporada)

Una de las cuestiones «candentes» (y recurrentes) en Game of Thrones (HBO, 2011-), atemperada progresivamente a medida que han avanzado las temporadas (sobre todo en las actrices protagonistas), ha sido la desnudez masculina y/o femenina. De la mirada que ejerzamos sobre la desnudez en esta serie derivan reflexiones sobre lo que significa el desnudo en sí, lo que subyace en mostrar un cuerpo más o menos desnudo en pantalla o las diferencias entre un desnudo femenino y uno masculino. Game of Thrones puede permitirse el lujo de ser una serie generosa con el desnudo por el perfil de una cadena de pago como HBO, más permisiva en cuanto al uso de desnudos que las networks en abierto (en otras cadenas de cable, como Showtime o Starz, sería lo mismo, más justificado en series de la primera como Masters of Sex [2013-], más gratuito para la segunda con Spartacus [2010-2013]); y también porque básicamente el contenido erótico forma parte del ADN literario de la saga: las novelas de George R.R. Martin son sexualmente muy explícitas, juegan con los roles sexuales desde el primer momento y le dan un significado real a plantear las secuencias sobre sexo en el papel.

La serie convierte en necesarias las muchas secuencias de personajes parcial o totalmente desnudos, ya sea de frente o de espaldas. La cuestión quizá sea matizar en cuanto a qué diferencias hay para mostrar un desnudo integral femenino o uno masculino. Y, de entrada, la respuesta es evidente: raramente veremos muchas secuencias de desnudos masculinos integrales, mientras que el desnudo femenino completo (aunque también perfectamente encuadrado y “photoshopeado”) se ha repetido a menudo. Un caso flagrante es la secuencia final del último episodio de la quinta temporada (“Misericordia”), en la que una Cersei Lannister totalmente desnuda sufre un doloroso «paseo de la vergüenza», desde el castillo-prisión al palacio real, y recibe abucheos, salivazos y zarandeos por parte de la población de Desembarco del Rey (¿justicia divina hacia un personaje que ya pudo ser agredido por la población de la capital de Poniente en el sexto episodio de la segunda temporada? [“Los dioses antiguos y modernos”]). El espectador podía sentirse impresionado por la valentía de la actriz (Lena Headey) para prestarse a mostrar su cuerpo desnudo en una escena de una enorme crudeza… pero sólo faltaron unas horas para saber que se usó una doble de cuerpo en la que, por medios infográficos, se añadió el rostro de Headey.

Podemos recordar también el séptimo episodio de la cuarta temporada (“Sinsonte”), dos escenas con desnudos muy diferentes entre sí: por un lado, Melisandre (Carice van Houten) en la bañera mientras conversa con la esposa de Stannis; y por el otro, tras un intento de cortejo inicial de Daenerys, vemos al mercenario Daario Naharis (Michiel Huisman) quitarse la ropa y mostrarse completamente desnudo… pero de espaldas al espectador. En el caso de Melisandre, la hemos visto desnuda integralmente, aunque la manera de mostrarla no haya sido completa: en la bañera se le ven los pechos, mientras habla con la reina, pero en el momento de hacer el gesto de levantarse para salir del agua –y cuando el espectador quizá espere un desnudo frontal–, la cámara cambia el encuadre para mostrar su desnudez desde otro ángulo, de manera que fotografía y la iluminación apenas vislumbran el pubis. Eso sí, el desnudo es total, los pechos son (naturalmente, es decir de forma natural) visibles y el personaje abunda en una manera ya habitual de mostrar su desnudez (como vimos en episodios de temporadas anteriores).

En el caso de Daario, la escena empieza con un intento de cortejo por parte del mercernario, que la Khaleesi corta enseguida. Pero a continuación la conversación conduce a Daenerys a desear una relación más íntima con Daario, pero siempre desde una posición de poder: sentada, dejando a Daario de pie, Daenerys le ordena que se quite la ropa; de frente a ella y de espaldas al espectador, Daario se quita la camisola, mostrando un pecho liso y un abdomen bien marcado, para desprenderse después la prenda que hace las funciones de pantalones (casi parece una falda); pero si el espectador esperaba (¿o quizá temía?) un desnudo masculino frontal, se ha tenido que conformar con ver como la cámara enfocaba desde atrás, mientras Daario deja caer la prenda inferior y «solamente» enseña la espalda, los glúteos y las piernas; y se trata precisamente de un lado posterior de su anatomía bien definida, casi esculpida, seguramente tras horas en el gimnasio (nunca veremos una desnudez fea en la serie), pero no la parte frontal.

Las diferencias entre ambas secuencias son evidentes: la desnudez de Melisandre es natural y casual (está en una bañera), mientras mantiene una conversación con la esposa de Stannis –sabiendo ésta que la sacerdotisa ha mantenido relaciones sexuales con su marido, pero sin necesidad de explicitarlo–, todo ello de una manera neutra; en el caso de Daario y la Khaleesi hay una evidente tensión sexual que enseguida será resuelta: la conversación entre ambos personajes tiene mucho que ver con la imagen que Daenerys tiene de Daario (es un mercenario arrogante y en ocasiones brutal, pero dotado de algo que podríamos decir que es carisma que hace que el tipo le caiga bien), para luego plantear un contacto sexual de manera muy sutil. Daario le pide que le deje hacer lo que él mejor sabe hacer, ella acepta, se sirve una copa de vino y le dice que se quite la ropa. Vemos a Daario desnudo de espaldas y la mirada de Daenerys fija en lo que el espectador no puede ver (su pene) y durante unos segundos se deleita en la contemplación, copa en mano.

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La mirada de Daenerys fija en lo que el espectador no puede ver (su pene) y durante unos segundos se deleita en la contemplación, copa en mano

 Resulta interesante en ambos casos el matiz, el cambio respecto a secuencias de desnudos en capítulos (y temporadas) anteriores: mientras que el desnudo de Melisandre es natural y sin que su cuerpo se convierta en un objeto sexual, en el caso de Daario es evidente el alto contenido erótico del desnudo, pero con un cambio en cuanto a quién es el observador (y que goza con la observación) y quién el objeto del deseo: ahora es Daenerys, la mujer, quien goza con la visión de un cuerpo desnudo y no Daario, el hombre; pero, a su vez, Daario también disfruta de su condición de objeto sexual, de su exhibición ante la Khaleesi, que es lo que buscaba desde que se conocieron: un modo íntimo de acercarse a la reina, algo que Ser Jorah Mormont (Iain Glen) no ha logrado jamás y por mucho que lo buscara. En temporadas anteriores, y a veces de bastante gratuita (pero nunca innecesariamente, a diferencia de otras series: el sexo es importante en esta serie), era el personaje o rol masculino de turno quien gozaba con la contemplación de la desnudez femenina; en muchas menos ocasiones se ha visto el goce por la visión de la desnudez masculina (si acaso en personajes homosexuales como Renly Baratheon [Gethin Anthony] y Ser Loras Tyrell [Fiin Jones]). Ha habido siempre más mujeres desnudas que hombres en Game of Thrones, y en general el espectador goza de la desnudez de unos y otros, integral o parcialmente. Sería interesante repasar capítulos, sobre todo de la primera temporada, y se podría decir que se han mostrado muchos pubis femeninos pero muy pocos masculinos; y de hecho apenas un pene mostrado directamente a la cámara (y no era de un personaje principal; Theon, de hecho, lo cual resulta irónico: el hombre que muestra su pene es «castigado» más adelante con la pérdida del mismo); a diferencia de series como Spartacus, donde el festival de carne masculina era generoso y abundante desde el primer capítulo, en Game of Thrones el desnudo masculino integral ha sido minoritario, diluyéndose progresivamente hasta ser prácticamente invisible (quizá el momento más cercano a ver un desnudo masculino integral, pero no visto frontalmente, sea en el inicio de la cuarta temporada, con las orgías sexuales de Oberyn Martell [Pedro Pascal] en sus aposentos en Desembarco del Rey). Por tanto, el desnudo de Daario Naharis, aunque sea de espaldas, supone una novedad.

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Khaleesi/Venus de Botticelli

Es también llamativo que Michiel Huisman no tenga la sexualidad desbordante (e incluso salvaje) que desprendía Ed Skrein, el actor que interpretó al personaje en la tercera temporada, faltándole incluso la melena desbocada que el personaje luce en anteriores episodios (¿una emasculación simbólica como el Sansón bíblico?). De hecho puede sorprender el cambio físico de Huisman, que en anteriores series ha aparecido desharrapado, borracho y/o drogado y sucio a menudo (en Treme) o canallesco pero con un cierto encanto hipster y alternativo (como Liam en Nashville). Y más extraño pudo ser contemplar que debajo de su ropa Huisman muestra un cuerpo fibrado y musculado (sin pasarse, eso sí: las sesiones de gimnasio han sido suaves), que la Khaleesi sólo  goza y en exclusiva para sí. Una Khaleesi, recordemos, a la que vimos desnuda en varias ocasiones en la primera temporada (ya no después, erigida en reina indiscutible y ejerciendo el poder, siendo el personaje femenino de la serie que mejor lo ostenta), pero quizá sin el simbolismo redentor de su segundo nacimiento, al final de la primera temporada: un desnudo que evocaba la Venus de Botticelli, con Danerys teñida de gris (como el mármol de una estatua clásica) y la mano tratando de ocultar su pubis. Un desnudo que no tenía un cariz sexual, que contemplábamos como el nacimiento verdadero de una reina, de la Madre de los Dragones, y que no escondía miedo, inocencia y pudor, al tiempo que era reverenciada por Jorah y los dothrakis; una figura prácticamente divinizada y susceptible de ser adorada como tal, como en el final de la tercera temporada, cuando es elevada a los altares de la maternidad santificada («¡Mhysa, mhysa!», es decir, madre). Sentimientos de pudor e inocencia que parecen estar ausentes en esta Khaleesi que ahora, más madura y sabedora de tener y ejercer el poder, mira embelesada a un Daario desnudo que se exhibe sin pudor. Dario es a sabedor a su vez de lo que significa  exhibirse y de lo que puede conseguir asumiendo la condición de objeto sexual que un hombre, por definición, no debe tener en una serie como Game of Thrones, pues el rol masculino debe ejercer el poder y tomar sexualmente lo que se desea… y eso es algo que justamente ahora logra Daenerys. Inversión de roles, pues, sólo con un desnudo.

Podríamos preguntarnos si hay una distinción entre los desnudos masculinos y femeninos en Game of Thrones. Es evidente que sí y de hecho el desnudo en la serie significa mucho más que mostrar el cuerpo sin ropa. En muchas ocasiones, el desnudo y la propia concepción del cuerpo son una forma de mostrar poder, de adquirirlo o perderlo, y especialmente en el caso de los personajes masculinos. Ya no vemos tantos desnudos como en la primera temporada (siguen apareciendo, no obstante, pero ya no en los personajes protagonistas), pero es evidente que Oberyn Martell desprende autoridad y poder, y no es un óbice para ello que lo percibamos como un personaje con un enorme carisma sexual. Jaime Lannister (Nikolaj Coster-Waldau) tenía un enorme sex-appeal en las primeras dos temporadas, incluso cuando estaba embarrado, encadenado y sucio en manos de los Stark; un carisma sexual que parece haber perdido en la cuarta temporada, con un corte de pelo que incluso lo «afea», un color de piel cetrino, y la pérdida de la mano como un trauma que afecta a su propia masculinidad; hasta que salga de misión a Dorne en la quinta temporada, parece como si Jaime no recuperara su atractivo. Pero para traumas y emasculaciones, los de Theon Grevjoy (Alfie Allen), cuya castración lo ha convertido en un no-hombre, percibido incluso así por unos espectadores que nunca han tenido simpatía por el personaje, a diferencia del otro personaje emasculado, lord Varys (Conleth Hill). A Theon le hemos visto desnudo y sin embargo no emanaba el poder o la autoridad que despiertan un Oberyn Martell, ni es (ni será) un objeto sexual como Daario: le falta precisamente el falo, la vara del poder; un poder que Varys ejerce (o trata de alcanzar) desde la sombra y sin jugar directamente la carta de la sexualidad.

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Daario Naharis: dos actores, un mismo personaje… dos visiones diferentes de un desaforado/moderado sex-appeal

Robb Stark (Richard Madden) emanaba encanto, pero no sexualidad: la relación con Talissa (Oona Chaplin) en la segunda y tercera temporadas era lo más cercano a un romance de corte romántico que hemos visto en una serie en la que el sexo es primario y en ocasiones salvaje. Incluso las secuencias de sexo entre ambos tienen un punto de ternura que no tienen las de Jamie y Cersei Lannister, especialmente si tenemos en cuenta la violación de esta por su hermano/amante en la capilla ardiente de Joffrey y que tanta polémica despertó en las redes sociales; en esta secuencia, en cierto modo Jaime trata de recuperar el poder que ha perdido (¿con la mano?), mientras que Cersei, que siempre ha tenido el poder, en ese momento parece no tenerlo. Quizá el actor Kit Harington desprenda sexualidad, pero lo que es su personaje, Jon Snow, a excepción de la escena de consumación sexual con Ygritte (Rose Leslie) en el quinto episodio de la tercera temporada (“Besado por el fuego”), más bien despierta poco atractivo sexual… sobre todo al vestir el uniforme de la Guardia de la Noche en prácticamente todos los momentos en los que aparece en pantalla. En el caso de Sansa Stark (Sophie Turner), encarnación de la virginidad, resultaría chocante que se la viera desnuda: no es ella objeto del deseo sexual, aunque en la segunda temporada estuviera en peligro de ser violada en una revuelta en Desembarco del Rey. Trauma del que el personaje no se ha librado en el séptimo episodio de la quinta temporada (“El regalo”), cuando los espectadores pudieron contemplar, horrorizados, la noche de bodas de Sansa y Ramsey Bolton (Iwan Rheon) en el que ésta es prácticamente violada; quizá lo más doloroso no sea ver la violación en sí misma, sino de manera indirecta a través del rostro de Theon, que ejerce de pantalla para los espectadores. Queda, por último, la masculinización de Arya (Maisie Williams), la negación de su propia feminidad y, por tanto, la imposibilidad de verla desnuda (siendo menor de edad la actriz, hasta esta última temporada). Sorprendería verla desnuda también, algo que sí esperamos de Shae (Sibel Kekilli) o de las prostitutas del burdel de Petyr  Baelish (Aiden Gillen), objetos sexuales per se y, por tanto, definidas por su propia desnudez.

Lo que sólo Daenerys ha visto (y en exclusiva) en el cuerpo de Daario Naharis nos permite ver el rol de los desnudos en una serie como Game of Thrones. De la desnudez gratuita (pero necesaria) de las primeras temporadas hemos pasado a una desnudez más significativa, sutil incluso, analizable desde puntos de vista diversos y que permite observar nuevos roles de comportamiento en una serie tan abiertamente sexual como es esta. Puede que sólo sea algo momentáneo… ¿o quizá no?

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