Género y política. Con Begonya Enguix – Parlem d’humanitats.

24 abril, 2020 Género y política. Género y política. Con Begonya Enguix.

Parlem d’humanitats arranca con el primer episodio, de Género y política. Mireia Jaime, estudiante del máster de Edición Digital, conversa con la investigadora Begonya Enguix sobre las relaciones entre género y política, concretamente sobre las figuras que ocupan el panorama político actual, desde la perspectiva del estudio de las masculinidades. 

Si queréis más información sobre el proyecto o sobre futuros podcasts, lo podéis encontrar aquí

 

La entrevista – Género y política con Begonya Enguix. 

Podéis escuchar la primera entrevista en ivoox y en Spotify.

 

En el caso de que prefiráis leer la entrevista, os la adjuntamos a continuación: 

Mireia: Bienvenidos y bienvenidas a Parlem d’Humanitats, el podcast donde los expertos de la UOC te acercan a la investigación que hacen en los Estudios de Artes y Humanidades, mientras reflexionan sobre los temas más interesantes y responden a tus preguntas. Soy Mireia Jaime y hoy me acompaña la profesora Begoña Enguix. Begoña es profesora de los Estudios y dirige el programa del Grado Interuniversitario de Antropología y Evolución Humana. Es experta en Antropología de los géneros y de las sexualidades, cuerpo e identidades, antropología urbana y de los medios de comunicación.

 

Hoy está con nosotros para hablar de las relaciones entre el género y la política, sobre todo, de las nuevas figuras que encontramos en el panorama político mundial actual.

 

Antes de empezar, podrías presentarte un poco más? Nos puedes decir a qué grupo de investigación perteneces y cuáles son tus temas de investigación?

 

Begoña: Soy licenciada en Antropología Americana por la Universidad Complutense de Madrid y doctora en Antropología Social y Cultural por la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona. En estos momentos, soy la coordinadora de un grupo de investigación consolidado y reconocido por la Generalitat de Cataluña que se llama MEDUSA Géneros en transición, cuerpos, masculinidades, afectos y tecnociencia. Y estoy también liada con diferentes proyectos de investigación que imagino que irán saliendo a lo largo de la conversación.

 

Mireia: Claro que sí. Pasamos, ahora sí, a tratar el tema que nos ocupa: el género y la política. 

 

En los últimos años, la política, en todo el mundo, ha sufrido cambios importantes. Inspirada, sobre todo, por movimientos sociales como pueden ser el feminismo, el ecologismo, el antirracismo y el movimiento LGTBIQ, vemos como han aparecido nuevas formas de organizarse políticamente que tienen en cuenta la diversidad de sus miembros y que aportan nuevas líneas de pensamiento en sus programas políticos que, hasta hace poco, no eran de primer orden.

 

En España, vemos que también se han dado estos cambios y en materia de género, concretamente, vemos como en 2007, se introduce el sistema de cuotas para la elección de candidatos en cargos populares, medida que pretende garantizar la presencia de mujeres en los cargos políticos; los partidos empiezan a introducir en su agenda programas específicos para tratar los temas relacionados con el género, como la violencia machista, y se intenta, aunque sea llevándolo al debate público, potenciar el acceso de las mujeres a los cargos más altos. Todos estos cambios, motivados por la acción del movimiento feminista, han afectado la forma en que percibimos a las mujeres en política y han abierto nuevas vías y posibilidades para hacer política.

 

Pero, al mismo tiempo que se dan estos cambios que suponen un avance en cuestiones de género, vemos como ha regresado, a escala mundial, una figura política que responde a un estereotipo de género muy tradicional, las viejas masculinidades, como en el caso de Donald Trump, Bolsonaro o Erdogan.

 

Begoña, a lo largo de tus investigaciones has trabajado, entre otros, el tema de las masculinidades, intentando entender cómo se forman, cómo se representan, y cómo van apareciendo y cómo son los nuevos modelos de masculinidad. En esta línea, el congreso Men in Movement que organizáis y que cuenta ya con 4 ediciones pretende divulgar todas estas investigaciones. ¿Qué conclusiones has sacado con esta investigación y cómo se relacionan con estos cambios que suponen un retorno a modelos de masculinidad tradicionales en cuanto a los dirigentes políticos?



Begoña: Efectivamente, este año hará cinco años que organizamos unas conferencias internacionales que se llaman Men in Movement para analizar y explicar la construcción actual de las masculinidades y, sobre todo, para acercar lo que nosotros llamamos la academia, es decir, lo que hacemos en la universidad, con lo que pasa en la sociedad. Por ejemplo, en estas conferencias tenemos de coorganizadores a AHIGE, Hombres por la Igualdad.

 

Entonces, a raíz de estas conferencias y antes que nada, quisiera hacer una apreciación: normalmente cuando hablamos de género, siempre hablamos de cuestiones relacionadas con la desigualdad de género y cuestiones relacionadas con las mujeres. Y tú has dicho muy bien que yo trabajo sobre masculinidades y quizás esta sería una primera aclaración que se debería hacer porque puede llamar la atención de la gente que yo me presente como antropóloga del género y no hable ni trabaje sobre mujeres sino que trabaje sobre masculinidades. Esto es muy importante aclararlo porque el género no es una mochila que las mujeres llevamos encima. El género es una relación entre seres humanos, es un modo de estructurar las relaciones entre personas con diferentes características a lo largo de la historia y a lo largo de diferentes culturas y que, generalmente, tiene siempre en común que se valora más lo masculino que lo femenino y da lugar a la desigualdad, a la injusticia y a la violencia. Por lo tanto, para entender el género y para explorar las posibilidades de cambio de las relaciones de género, considerando esto, que el género es relación, yo creo absolutamente imprescindible prestar atención tanto a las masculinidades como a las mujeres.

 

Y, de hecho, desde los años 90, hablamos de lo que se denomina estudios críticos de los hombres y las masculinidades que son unos estudios, precisamente de la línea de lo que nosotros hacemos y de lo que yo hago particularmente, que aspiran a hacer de los hombres sujeto de género, porque si los hombres no se sienten interpelados por el género, pues es un problema que ellos no tienen, es un problema de otra persona. Y la cosa no es así. Y, por lo tanto, por una parte, estos estudios aspiran a ello, a hacer conscientes a los hombres de que son sujeto de género y, en un segundo lugar, como se llaman estudios críticos, a intentar luchar codo a codo con cualquier ser humano por la justicia de género.

 

Tú preguntas si hay unos cambios en las masculinidades y cómo podemos valorar o pensar el regreso a unas masculinidades más tradicionales. Bueno, yo siempre he pensado que estas masculinidades más tradicionales que ahora se están expresando políticamente o que se les ha dado una voz política son unas masculinidades que siempre han estado ahí, no han desaparecido, es decir, el machismo no ha desaparecido y ahora vuelve a aparecer, sino que el machismo siempre ha existido. La idea de que los hombres son la medida de todas las cosas, la medida de todo lo humano, para mucha gente no ha desaparecido.

 

Sí que es cierto que ahora lo que se llama discurso de género se ha puesto encima de la mesa del juego político. Siempre estaba ahí, pero no con la visibilidad con la que ahora está y, por lo tanto, ahora vemos posiciones muy claras en torno al género que tienen equivalencias muy claras en el espectro político. Es decir, encontramos muchas formaciones, organizaciones, asociaciones y partidos políticos que luchan claramente por la justicia de género (a mí me gusta mucho más la palabra justicia de género que la palabra igualdad) y que siempre se posicionan o las asociamos al progresismo, lo que algunos llaman la dictadura progre, y posiciones contrarias o claramente negacionistas de la violencia machista que posicionamos hacia la derecha. Entonces lo nuevo no es el retorno de la tradición o la aparición de la tradición, sino que lo que es nuevo es que, de forma explícita y muy clara, el género se haya convertido en un elemento de lucha en el tablero político. Que evidentemente el género siempre ha sido política, y eso el feminismo lo sabe muy bien desde el momento en que dijo que lo personal era político. No es que el género no fuese política, es que ahora juega en el tablero de la política pública.

 

M: Pero, sí que sorprende que estas figuras aparezcan ahora que más se está hablando de la justicia de género, como dices, o que se está poniendo sobre la mesa todos estos temas. Entonces, ¿qué características tienen estas figuras que han hecho que durante unos años no estuvieran tanto en primera línea y ahora hayan vuelto?

 

B: Bueno, no es una pregunta muy fácil. De hecho, creo que es una pregunta muy difícil y es una de las preguntas a las que yo aspiro a dar respuesta con mi investigación. Y la investigación es un work in progress. Por lo tanto, la respuesta no la tengo, pero yo creo que esta emergencia de una masculinidad ruda, agresiva, tradicional, se da en confluencia con el retorno de un nacionalismo rudo, agresivo, es decir… A mí se me despertó algo dentro el día que, durante la campaña electoral de Donald Trump y Hillary Clinton, miré los debates electorales sin sonido y luego los miré con sonido. Y era muy claro lo que estaba haciendo Trump. Trump estaba ocupando el espacio de una manera masculina: arrinconaba a Hillary Clinton, miraba a la gente, al público que estaba asistiendo al debate a los ojos, mientras que ella no lo hacía. Es decir, estaba poniendo en acción una masculinidad tradicional, agresiva, potente, autoritaria, segura, que es lo que muchos votantes buscan. Y esto se daba conjuntamente con su afirmación siempre… No repetiré las afirmaciones que hace sobre las mujeres porque son sobradamente conocidas. Es sobradamente conocida su opinión sobre las mujeres y lo que se debe hacer con las mujeres. Pero esto lo ponía junto, en su discurso, con la posición «I am American».

 

Entonces, Donald Trump, con su puesta en acción en el mundo de la política, estaba afirmando dos cosas: “I am a man”, “I am American”. Este creo yo que es el fenómeno en el que tenemos que poner atención ahora, porque no estamos hablando sólo de Trump, estamos hablando de Orbán, estamos hablando de Salvini, estamos hablando de Bolsonaro, que son nacionalismos de derechas de defensa de la pérdida de derechos sociales adquiridos durante muchos años y que ellos quieren erradicar, y que lo hacen mediante una defensa de una masculinidad agresiva, abrumadora e injusta, y machista, claro. Entonces es un fenómeno que se da conjuntamente.

 

M: Y quizás éste es su atractivo, ¿no?, que va ligado a otros valores.

 

B: Este es su atractivo, efectivamente. O sea, que unos significados apoyan a los otros y los otros apoyan a los unos. Es decir, si a ti te están vendiendo una política antimigratoria, una política de crecimiento económico a costa de quien sea, de los más débiles, y te lo están vendiendo mediante una puesta en escena que implica una masculinidad agresiva y tradicional, compras el lote, va todo junto. Te lo están vendiendo todo junto. Te están vendiendo una política discriminatoria de género conjuntamente con una política racista, con una política anti derechos LGTBI, o sea, te lo venden todo como un conglomerado que, pues bueno, la gente muchas veces, acríticamente, lo compra.

 

M: Eso, por un lado, y es a lo que debemos estar alerta, pero, por otro, como hemos comentado, hay organizaciones políticas que proponen nuevas maneras de relacionarse, de entender la política. ¿Puedes poner algún ejemplo de alguna organización que hayas trabajado o que conozcas o que te interese que represente esta idea?

 

B: Bueno, sí, voy a poner el ejemplo… pero no quisiera en ningún caso, que se entendiera como una dinámica acción-reacción, porque muchas veces la gente entiende que se produce una acción: surge Trump, y hay una reacción feminista. Sí y no, porque el feminismo ya estaba allí, al igual que el machismo recalcitrante y rudo, como lo llamo yo ahora, también estaba allí. Hay una parte de acción-reacción pero no todo es acción-reacción, sino que hay milenios de hacer las cosas de una manera que no se cambia ni en un día ni en dos.

 

Yo estoy haciendo investigación, por ejemplo, sobre posiciones completamente contrarias a este espectro que hemos dibujado y que son también nacionalistas pero que utilizan el ideal de nación para construir una sociedad, digamos, diferente, donde el feminismo sea una pata importante. De hecho, estoy haciendo ahora trabajo de campo en algunas asociaciones pro independentistas en Cataluña que entienden que el estado catalán por el que ellas luchan es un estado que no puede ser más que feminista. Por ejemplo, tenemos el ejemplo de la CUP, que todas sabréis porque habréis prestado atención que son una de las formaciones que más diputadas tuvo en su primer momento. Es decir, ya no es que sea paritaria, es que da mucha importancia a la figura de las diputadas, siempre hablan en género femenino, son muy activas en campañas antidiscriminatorias. Y, no sólo hablamos aquí igual que antes no sólo hemos hablado de mujeres y feminismo, sino que estamos hablando también de diversidad de género y diversidades sexuales. Son organizaciones que están muy concienciadas que el cambio social es necesario y que una sociedad igualitaria implica atender o incorporar, no sé cómo decirlo, una palabra que no suene mal, es difícil encontrar la palabra … bueno, considerar en plan de igualdad a todos los seres humanos.

 

M: Y si no es una cuestión de acción-reacción, cuanto más machismo más feminismo, ¿desde qué otro punto de vista lo podríamos mirar? ¿Cómo podríamos explicar que estén conviviendo estos dos modos de ver el mundo?

 

B: Mira, a mí me gusta pensar en términos de metáfora de placas tectónicas o movimientos de placas tectónicas o también podríamos decir estratos o, si cogemos un árbol, también podríamos decir los círculos que marcan la evolución de aquel árbol a lo largo de los siglos. Hay muchas cosas conviviendo al mismo tiempo. Lo que pasa es que, bueno, para ser claras y para ser breves, muchas veces acabamos simplificando. Pero hay solidificación de ciertas formas de hacer que, como digo, pues tienen siglos y siglos de legitimación social que han estado siempre ahí y que, sí, a veces se produce un repunte y hay una reacción, pero esto no quiere decir que no existiera antes del repunte o que la reacción termine de aparecer, sino que hay momentos puntuales en que sí hay acción-reacción pero que estamos viviendo en un contexto, como debe ser, con una superposición de significados de género y de políticas diversas sobre el género.

 

M: Pues, después de estas reflexiones tan interesantes, antes de terminar, tenemos una sección sobre trucos y consejos para hacer investigación. Los estudiantes de la UOC tienen mucha curiosidad e interés por saber cómo investigáis: qué dificultades afrontais, si seguís metodologías concretas, si utilizáis alguna herramienta… Uno de los temas que más les preocupa es, precisamente, la elección del tema. Tú, Begonya, ¿cómo afrontas esta tarea? ¿Tienes algún truco en especial? ¿Alguna idea, herramienta o metodología que puedas compartir?

 

B: Mira, lo primero para elegir un tema de investigación, y parecerá una obviedad lo que voy a decir, pero creo que es muy importante, es que te interese y te apasione, porque la investigación es un camino muy apasionante y muy duro. Por lo tanto, debes tener una curiosidad por aquel tema. Tienes que querer saber algo de ese tema. Tienes que querer comprender algo.

 

A partir de ahí, uno de los problemas, ya no sólo en mi trayectoria, ya bastante larga, con la investigación, sino de haber acompañado a muchas estudiantes en el proceso de investigación, creo que la siguiente dificultad es encontrar una pregunta. Normalmente tendemos, todas tendemos, y vosotras también, a ser muy ambiciosas porque todas queremos saber muchas cosas y hacernos preguntas muy grandes. Las preguntas se hacen grandes por sí solas, es decir, muchas veces mi tarea de acompañante en el proceso de investigación a estudiantes de grado, másters o doctorados es bajar la pregunta a un terreno donde te puedas plantear “¿esto lo puedo hacer?”, “¿esta pregunta la puedo contestar con las herramientas que tengo?”, y por herramientas me refiero a la bibliografía que ahora tenéis a vuestro alcance, una barbaridad de textos, de textos y otros recursos que nosotros no teníamos antes, cuando teníamos que ir a bibliotecas a hacer fichas, pero también con las herramientas con las que vas a trabajar. Quiero decir, la pregunta debe ser asequible y sobre todo te debes plantear si la podrás contestar.

 

A partir de aquí, yo soy antropóloga, por lo tanto,  fundamentalmente trabajo desde la etnografía. Es decir, me gusta meterme de lleno. Trabajo codo a codo con la gente con la que trabajo. No es una perogrullada, las que saben de etnografía sabéis qué significa esto. Y fundamentalmente trabajo con entrevistas, observación, por supuesto análisis de contenido, etnografía digital. Claro, ahora mismo no podemos trabajar en etnografía sin tener en cuenta todo lo que está pasando en las redes y más con un tema como el que trabajo yo ahora como es la relación cuerpo, género y política en la extrema izquierda catalana.

 

Entonces… ¿herramientas? Las antropólogas somos un poco picapiedra. Ni yo ni mucha gente de la que conozco, utilizamos programas informáticos para el tratamiento de los datos. Llevamos a cabo una tarea muy artesanal pero yo creo que es muy interesante que la llevemos a cabo de este modo, porque participas en todo el proceso desde el principio hasta el final y siempre tienes muy frescos los datos, es decir, yo voy al campo, yo hago la observación, yo hago las entrevistas, yo transcribo las entrevistas, yo las vuelvo a leer. Y esto hace que el proceso de investigación esté muy vivo y, por otra parte, que esté muy fresco. Este es el modo de hacer que tenemos.

 

M: Eso en cuanto a encontrar el tema. Y una vez lo tienes, ¿cómo lo haces para mantener el hilo?

 

B: Bueno, es cuestión de estar atenta.

 

M: Porque a menudo es fácil …

 

B: Perder el hilo.

 

M: Exacto.

 

B: Sí, sí, sí. A ver, yo el primer consejo que doy siempre a todo el mundo es papel y lápiz. Hay que agarrar un papel y un lápiz y hacer dibujos constantemente de lo que quieres, lo que tienes, los diferentes momentos, de hacia dónde puedes ir.

 

Entonces, claro, el eje de una investigación puede cambiar o puede, sencillamente … el camino de la investigación es apasionante y duro. Tú puedes querer hacer una búsqueda con un determinado grupo social y aquel grupo social no quiere colaborar contigo. Necesariamente deberás cambiar la orientación o deberás cambiar de grupo. Es un proceso vivo y fresco. Y por lo tanto, debe ser flexible. Una cosa es que sea flexible y la otra es que te vayas fuera del camino sin darte cuenta.

 

Yo creo que ahí está la clave. La clave está en tener siempre claras, y por eso el papel y el lápiz es importante… tener siempre claras cuáles son las preguntas de aquel proyecto de investigación, qué es lo que vas buscando, y qué te puede ayudar a comprender mejor aquella pregunta que tú te has hecho, porque si no y hay que intentar… o sea, una cosa es cambiar la orientación porque la propia investigación te dice que la pregunta estaba mal formulada o porque no la puedes contestar porque no cuentas con la colaboración de la gente y otra es que te vayas sin darte cuenta a otro tema y digas «vaya, esto no tiene nada que ver». En este segundo caso… tienes que volver al inicio.

 

M: Exacto. Muy bien, pues ahora sí, después de estos trucos para hacer investigación, acabamos el podcast de hoy. Muchas gracias y hasta la próxima.

 

B: Muchas gracias.

 

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