Filosofía para tiempos de COVID-19 — Marina Garcés en «Frena la curva»

7 mayo, 2020 Marina Garcés en Frena la curva covid19 coronavirus Marina Garcés, filósofa y profesora UOC

Tiempos para pensar y reescribir nuestra imaginación

«Frena la curva» Festival Innovación Abierta. Un festival virtual que se celebró a principios de mayo con el fin de reflexionar en tiempos de COVID-19 sobre los desafíos comunes, la creatividad ciudadana, la resiliencia cívica y la solidaridad vecinal.

La UOC es una entidad que apoya Frena la curva, una iniciativa alineada con la implicación de la universidad en la Agenda 2030 de la ONU, así como con el Plan de acción Conocimiento Abierto de la UOC y con la plataforma Hubbik, emprendimiento e innovación de su comunidad universitaria.

Marina Garcés, filósofa y directora del Máster de Filosofía para los retos contemporáneos UOC, participó recientemente en «Frena la curva». A continuación os compartimos la transcripción de su intervención.


Marina Garcés en «Frena la curva» — Festival Innovación Abierta

 


Una iniciativa como Frena la curva lo que hace, entre tantas otras, es desmentir, aquello que a veces el confinamiento nos quiere transmitir. Desmiente el victimismo, la pasividad y la falta de ideas. Tres cosas que quizás nos acechan en este momento. Sentirnos pasivas, sentirnos víctimas, impotentes, ante este presente y este futuro. Quiero sumarme a este desmentimiento con una breve reflexión. Por este motivo quiero focalizarme con una pregunta.

¿Qué estaba pasando cuando se paró el mundo?

¿Qué estaba pasando cuando se paró el mundo? Se paró entre comillas porque muchos aspectos de nuestras vidas y del mundo no se han parado. Seguimos pensando y sufriendo y la gran máquina del Capitalismo global, con sus poderes económicos y políticos, no se han parado. Y están recomponiendo sus lugares de ejecución, formas de intervención, en definitiva, sus proyectos de presente y de futuro.

Veo muchos análisis sobre de dónde ha surgido el virus, cómo se ha propagado… Análisis y reflexiones que responden a la pregunta «Qué ha pasado» desde los aspectos sanitarios hasta los políticos, desde los aspectos funcionales hasta los administrativos. Una parte de análisis necesaria que hay que hacer, pero siempre con información, con veracidad e investigación.

Fenómenos que nombramos de forma dispersa, como la precarización, la especulación, los autoritarismos, los populismos, fenómenos que no parecen tener una relación orgánica entre sí, son las mismas caras de un escenario contrarrevolucionario.


Y hay otra pregunta tentadora, en la que están involucrados muchos intelectuales, que es: ¿qué pasará? La peligrosa pregunta de la futurología, la cuestión que nos embarca hacia adelante sin mirar hacia atrás. Hacer de este confinamiento, de esta crisis sanitaria, de esta coronavirus, un antes y un después. Yo siempre he sido muy crítica con estas lecturas. No son preguntas que sirvan para el pensamiento crítico, que necesita más bien plantearse, ¿cómo hemos llegado hasta aquí? Y a partir de aquí podemos ir avanzando a esos futuros que deseamos ahora vemos tan oscuros.

Simplemente detenernos en el antes y el después, en el nada va a ser como antes, en el ahora más que nunca, en el no conocemos lo que vendrá, pienso que alimenta la impotencia, porque es obvio que ponerse así frente al mundo… A no ser que tengamos capacidades paranormales, no tenemos capacidad de responderlo. Quizás tenemos que ser aparentemente más humildes, pero muchos más radicales, preguntándonos cuando, metafóricamente, se paró el mundo

Pienso que lo que estaba pasando era precisamente muy importante. Si retrocedemos en otoño 2019, las calles de muchas ciudades del mundo estaban tomadas por coreografías feministas, por manifestaciones de jóvenes que reclamaban el futuro, afectado por el Capitalismo extrativista, tomadas por movimientos contra el autoritarismo de los estados, de todo tipo, también de los formalmente democráticos.

Estábamos presenciando movimientos de manifestantes realmente muy jóvenes, por ejemplo las luchas por el clima, incluso con niños, los Friday for future. Las llamas de la insurrección, los cuerpos que bailan contra el patriarcado, los jóvenes que dicen: «No sólo queremos tener futuro, sino que lo estamos tomando en nuestras manos…» estaban allí.

Marina Garcés, filósofa y profesora UOC, en «Frena la curva»


Si ampliamos un poco más el foco vemos que son movimientos que nos conectan con la primavera de 2011, 15M, Occupy, Brasil… en calles, plazas, espacios públicos y también domésticos, y también privados, en los que los cuerpos salían a la calle para combatir y también para cuidarse, así como para tejer otros presentes y otros futuros.

Si abrimos aún más el foco, veremos que todo esto tiene que ver con las luchas entre 1994 y 2001, lo que se denominó la antiglobalización.

Volvemos a preguntar: ¿Qué estába pasando cuando se paró el mundo?

Llevamos más de 25 años contestando, desmintiendo y combatiendo la sentencia thatcheriana que no hay alternativa al Capitalismo, a sus poderes y a sus gestores de devastadores futuros. Estaba teniendo lugar una “revolución”, aunque quizás esta palabra le quede poco ajustada, al ser un movimiento disperso, múltiple y diverso, de cambio, de transformación, formación, experimentación, ensayo y combate, que en este reciente otoño estaba teniendo un momento álgido de enfrentamiento, con los poderes actuales, y de desbordamiento de su capacidad de respuesta. De ahí también su dureza. Es el ejemplo de Chile.

El capitalismo no tiene capacidad actualmente de ofrecer futuros.


Se ha dejado de hablar muy rápidamente del caso chileno, y hay que recordar las calles de Barcelona este otoño, Teherán, Beirut. Cuando se paró el mundo estaba teniendo lugar una oleada más de esta revolución macro y micro política, como la de los movimientos feministas, en la que no sólo se quiere imaginar futuro, sino también cuidar nuestras vidas aquí, en presente continuo y no sólo de la futurología de los mercaderes del futuro, que van ahora a vendernos el mejor plan o el menor mal posible.

También estaba teniendo lugar una recomposición de los poderes, económicos y políticos, entorno a esta situación. El Capitalismo no venció y ya está. El capitalismo no tiene capacidad actualmente de ofrecer futuros, por su desarrollo es sinónimo de devastación y de no futuro, por lo que se impone fortaleciendo sus expresiones de poder tanto político como económico. Fenómenos que nombramos de forma dispersa, como la precarización, la especulación, los autoritarismos, los populismos, el fascismo, fenómenos que no parecen tener una relación orgánica entre sí, son las mismas caras de un escenario contrarrevolucionario.

Hay una geopolítica de la guerra que pasa a través de nuestros cuerpos.


Pienso que la crisis actual, que la denominamos con una palabra en mi opinión inadecuada, la situación de confinamiento y la gestión microscópica del desconfinamiento, forma parte de forma muy peligrosa de este escenario contrarevolucionario, en el que vemos más control, más deseos de control, por parte de nosotros mismos, de seguridad, de garantías, más fronteras, más Estado, más clasismo, más desigualdad.

Todo esto no son efectos colaterales: forman parte de este escenario contrarrevolucionario, en el que ya estaban posicionando y resituando los poderes políticos y económicos del Capitalismo actual. Es obvio que también están en combate entre ellos: hay una geopolítica de la guerra que pasa a través de nuestros cuerpos.

En esta situación pienso que, por un lado, es difícil ser optimistas en el sentido ingenuo, de todo irá bien, aprenderemos muchas cosas, nuestras vidas valen mucho y tenemos, ahora sí, más que nunca, todo por rehacer. No soy optimista en este sentido y me costaría dar argumentos en esta dirección.

Pienso que sí es un momento en que los combates que he mencionado, tienen que ser no sólo continuados, sino quizá habitados, hacer que pasen por nuestros cuerpos como gérmenes contra el virus. Gérmenes son aquello que hace germinar, precisamente otras posibilidades de vida, que estarán, seguirán estando, pienso, en las calles, en las casas, en las vidas, en nuestros cuerpos, si no nos detenemos.

No sólo debemos dibujar futuros posibles, sino también tienen que germinar, que hagan grieta contra los muros que se están levantando entre cada una de nuestras vidas individualmente.


Recordar qué estaba pasando cuando se paró el mundo, con esta metáfora, es reivindicar estos gérmenes de presente y futuro continuo, contra la parálisis del virus, que es la gran excusa para reforzar el escenario contrarrevolucionario en el que también estábamos. No sólo debemos dibujar futuros posibles, sino también tienen que germinar, que hagan grieta contra los muros que se están levantando entre cada una de nuestras vidas individualmente

 


 

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