Susan Buck-Morss – Voz filosófica que, sin duda, necesita ser escuchada

Per Montserrat Crespín Perales

Filosofía con imágenes, imágenes con filosofía

Estanterías, libros, novedades editoriales…y muchas veces un sentimiento de desasosiego frente a nombres y grupos de novísimos filósofos y filósofas de los que no se sabe si, con el tiempo, pasarán a olvidarse como estrellas fugaces o serán constelaciones duraderas. Y, entre el cambio de estaciones, de modas y catálogos, algún nombre que se descubre por casualidad y que pasa a formar parte personal de aquellas voces filosóficas que, sin duda, necesitan ser escuchadas, a las que acompañar y por las que dejarse acompañar. A mi juicio, una de ellas es la de la filósofa Susan Buck-Morss.

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Buck-Morss, profesora de teoría política de la City University of New York Graduate Center y emérita de la universidad de Cornell (Estados Unidos), excede por su amplio conocimiento y una trayectoria investigadora ineludible de la filosofía de Adorno y Benjamin, de la que es una de las mayores especialistas y absoluta referencia. Pero su perfil no responde al de una académica apegada a un único y acotado ámbito teórico, movimiento o escuela, sino que, tanto sus intereses como sus reflexiones, sobresalen en otros muchos campos: historia del arte, arquitectura, estudios visuales, política, etc.[1]

En lo que se denomina “pensamiento a través de las imágenes”,[2] esta filósofa abre unas sendas que enlazan territorios que secamente pudieran parecer distantes. Y, no obstante, no hay aspecto más históricamente filosófico que el que se centra en la visión. Como ella expresa literalmente: “Pienso con imágenes y hago filosofía con imágenes”.[3]

Para poder presentar a la pensadora y, a la vez, aportar alguna reflexión que atienda a los temas de nuestro tiempo, quisiera resaltar apenas una muestra de su personalidad filosófica. Con este objetivo, a continuación, indicaré unas pocas cuestiones sobre la conceptualización que hace alrededor de la idea de “iconomía” (icono+economía) detrás de los imperios visuales como correlato de la fascinación por la imagen de los líderes, gobernantes, soberanos absolutos que perviven en la maraña de representaciones simbólicas. Comentaré, pues, parte del texto que Buck-Morss dedica a esta cuestión en su “Visual Empire. The Sovereign Icon” (2007).

Del pasado, pero alargadamente presente siglo XX, las figuras representativas de los poderes absolutos y totalitarios de Europa, de la China maoísta o del Japón ultranacionalista (Lenin, Hitler, Stalin, Mao, Hirohito) siguen siendo iconos que atraen a personas de todo el mundo. Sus retratos, sus imágenes, se compran y se venden como productos culturales y dentro de miles de formas y mercancías. Trascienden la significación concreta de sus figuras en su contexto histórico y en este ser revisadas (miradas) continuadamente, siguen siendo actuales. Con estos iconos permanece, como un hilo fino pero irrompible, una fascinación que es a su vez un rechazo. Ellas representan lo que Buck-Morss denomina como “iconomía”. Es decir, la economía de los iconos.[4]

            Del extraordinario análisis que Buck-Morss realiza en torno a lo que llama “Imperio Visual”, habría muchos aspectos a reseñar. Aquí simplemente se va a hacer referencia a unas pocas reflexiones que expone para hablar del modo en el que el director de cine ruso, Aleksandr Sokurov (1951-), retrató fílmicamente a tres iconos del poder del siglo XX: Hitler (film Moloch, 1999), Lenin (film Taurus, 2000) y Hirohito (film Solnze, 2005).

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