5 motivos para defender la figura del traductor | Traducción

Los traductores, los eternos invisibles, necesitan que su figura sea revalorizada y reconocida socialmente. Ahora es más necesario que nunca. Su labor es esencial para la transmisión de la información y el conocimiento. Con la globalización y la era digital, las fronteras se difuminan, pero sigue existiendo una gran barrera en esta interculturalidad: los idiomas. A pesar de las múltiples facilidades que ofrece la tecnología, sigue siendo indispensable la figura del traductor. La transmisión del conocimiento necesita de un rigor y profesionalidad absoluto a la hora de trasladar un mensaje de una lengua a otra, sin que esta transformación implique una pérdida de información o de calidad. Sería imposible la gran cantidad de textos traducidos que circulan en diversos formatos sin la labor de un traductor: textos literarios, jurídicos, medios de comunicación, diálogos, instrucciones…

Es por este motivo que hoy, después del Día Internacional de la Traducción, desde el Máster de Traducción especialitzada de la UOC y el Grado de Traducción, interpretación y lenguas aplicadas UOC-Uvic, seguimos reivindicando la figura del traductor, destacando cinco motivos que los hace imprescindibles y merecedores de reconocimiento y revalorización social.

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  1. Competencia y capacidad

Los traductores tienen el dominio especializado de dos o más lenguas. Ese conocimiento por sí solo no los convierte en profesionales de este campo. Los (buenos) traductores son aquellos que tienen la capacidad, la competencia y el conocimiento de adecuar un mensaje expresado en una lengua origen a una lengua meta, y que pase desapercibida su intervención.

  1. Son un puente entre dos culturas

El traductor hace valer sus conocimientos de dos lenguas, pero también es un mediador entre dos culturas diferentes. Tiene la competencia lingüística y cultural de los dos idiomas, con el fin de que su mediación entre los elementos traducidos mantenga la riqueza del texto.

  1. Rigurosos comprometidos

Tiene que lidiar siempre con los múltiples factores que cualifican la traducción: la fidelidad al texto de origen, el estilo, el significado, el uso lingüístico normativo y la comodidad de lectura en el idioma traducido… en resumen, que la adaptación tenga la máxima fluidez y fidelidad.

  1. Transformadores invisibles

Tienen la capacidad de transformar el texto sin que se perciba que ha sufrido un proceso de transformación. Toda modificación y/o adaptación conlleva la posibilidad de perder ciertos elementos característicos y/o esenciales. El (buen) traductor se compromete con el texto.

  1. Cualificados y actualizados constantemente

El traductor no sólo posee la formación y las herramientas adecuadas para desarrollar su profesión, sino que debe estar actualizado constantemente, con tal de ofrecer un resultado satisfactorio al máximo. El (buen) traductor se adapta a los tiempos actuales, conoce las herramientas que facilitan la traducción con tal de ser un trabajador eficiente, a la vez que tiene un conocimiento profundo del material con el que trabaja.