El papel del arte y la ciencia en la pandemia

7 mayo, 2021
imagen microscópica

“Todos somos conscientes de la necesidad absoluta de la ciencia y de la investigación para poder luchar contra la pandemia global. Pero, ¿por qué es necesario el arte en este contexto?” preguntó Pau Alsina, profesor de los Estudios de Artes y Humanidades de la UOC y creador de la revista Artnodes, abriendo así el debate en una mesa redonda sobre arte y ciencia en pandemia, punto de partida del recientemente creado hub Hac Te.

Imagen del debate
Momento del debate sobre arte y ciencia en pandemia organizado por Hac Te

Para Laura Benítez, doctora en Filosofía, investigadora y profesora colaboradora de la UOC, no era una cuestión de necesidad: “el momento que vivimos nos ofrece la oportunidad de reclamar que las prácticas artísticas generan conocimiento y éste es transversal. El arte no tiene un papel específico, a priori como mínimo, pero sí que facilita y cuida, crea lugares y puntos de encuentro, abre oportunidades” aseguró.

El arte no tiene un papel específico, a priori como mínimo, pero sí que facilita y cuida, crea lugares y puntos de encuentro, abre oportunidades

Por su lado, Lluís Nacenta, director de HANGAR, una de las instituciones miembro del hub y sede del encuentro, aseguró que su papel es esencial.

Para él, el artista es un turista del conocimiento: “tiene un acercamiento superficial pero también va a todos lados. En esta situación tan difícil hemos tenido que obedecer a la ciencia, ese conocimiento al que no tenemos acceso directo pero en el que se basan reglamentaciones que nos fuerzan a seguir y, aunque en muchos casos estoy dispuesto a hacerlo, no soy consciente de por qué. Desde una perspectiva humana es importante un abordaje holístico que me permita darle sentido a la situación hoy, no de aquí una década”, mostrándose seguro de que ese enfoque nos lo brinda el arte.

Según Anouchka Skoudy, doctora en Biología y asesora del proyecto europeo Biofriction sobre prácticas de bioarte y biohacking, “los científicos tienen la urgencia de ofrecer las respuestas adecuadas. En los intercambios con los artistas, estos son capaces de señalar las cajas negras para generar nuevas ideas y también generar preguntas”.

Otro punto de vista lo ofreció Eric Berger, artista y director de Bioart Society en Helsinki, que explicó que “hay que convertirse en todo lo que nos permita garantizar la seguridad fisiológica y sanitaria e ir más allá de lo que es exigible para poder expresarlo en el espacio artístico”. Planteó cómo el arte puede ser transgresor: “actuando como fuentes de conocimiento, cuidando de nuestro entorno, instando a las personas a participar en los rituales de cuidado”.  En esta línea, Nacenta se preguntó “¿cómo puede ser uno transgresor cuando colectivamente reconocemos la importancia de los límites?”.

¿Cómo puede ser uno transgresor cuando colectivamente reconocemos la importancia de los límites?

Biofriction, proyecto europeo

Durante la pandemia coincidieron en Biofriction. Según Benítez, directora del mismo, “el objetivo de este proyecto es generar encuentros híbridos y experimentales entre los artistas, investigadores, teóricos, activistas… Consideramos que la pandemia se ha convertido en una biofricción en sí misma” pero además afectó la forma del proyecto, que “ha sido un metaintra estudio de caso, desde una perspectiva muy pragmática, abriendo nuevos cuestionamientos sobre lo que está pasando de un modo profundo”. 

En este espacio de aprendizaje generado por el impacto, Skoudy reflexionó sobre los territorios: “puedo distinguir dos fases en función de cómo se ha producido la interacción entre nosotros. La primera, siempre a través de internet, en que intercambiamos experiencia en un territorio neutro, sin ningún tipo de rol asignado. La segunda parte del proyecto fue durante mi residencia. Ahí entro en un nuevo territorio, el wetlab. Siempre desde el background de un laboratorio biológico estándar me tuve que enfrentar con el proceso de coaprendizaje: para mí entrar en una institución artística era un territorio novedoso. Como científica, estaba fuera de mi espacio y tuve que identificar cuáles eran los códigos y ver las diferencias respecto a lo que conocía”.

Imágenes de arte y ciencia
Autor: Mayra Citlalli Rojo

Para Nacenta, la pandemia “nos ha permitido redescubrir algunos de los puntos más potentes de la intención inicial del proyecto: se dio una conexión muy fuerte del cómo y del qué. Fue muy importante el momento en que nos dijimos “Biofriction no es un proyecto filosófico”. No tuvimos miedo de pararlo todo y decidir que el proyecto versara sobre ello. Una cosa muy atrevida desde la perspectiva de la administración. Mucho sufrimiento, incertidumbre, debate… tenemos derecho a parar pero también tenemos la responsabilidad de trabajar. Los artistas y científicos podemos seguir trabajando y no quedarnos en stand by durante años”.  En este sentido Berger coincidió: “se dio la necesidad y la responsabilidad de pasar on line. Fuimos capaces de implicarnos con las teorías que estábamos produciendo y alcanzar un contenido que tuviera sentido. Y este contenido se publicó en el número 27 de Artnodes”, que contó con editores como el mismo Berger y Laura Benítez. Para él, se demostraron dos cosas: “que era posible conseguirlo sin tener que viajar pero que vivimos en una Europa donde  intercambio y movilidad son importantes y que no se pueden substituir on line”.

Portada revista Artnodes
Portada de Artnodes (número 27)

El valor de lo aprendido

Para Alsina “está claro que hemos ido aprendiendo mucho pero… ¿permanecerá?”. “Una cosa es lo que uno ha aprendido desde la curiosidad, y otra verse forzado a aprender algo de un modo preciso por causa de la pandemia”. En este punto del debate respondió Benítez diciendo que para ella resultaba importante “compartir que esta pandemia no es solo una crisis epidemiológica sino también una crisis en términos de acceso al conocimiento, a las tecnologías, que sea considerada desde el compromiso político y ético para abrir las cajas negras, para descolonizar las tecnologías. Además, en las sociedades occidentales hemos aprendido algo muy presente en las comunidades emigrantes: la movilidad como una fricción. Las consecuencias biopolíticas de la misma. Espero que podamos estar comprometidos en este aprendizaje y en sus consecuencias”.

Esta pandemia no es solo una crisis epidemiológica sino también una crisis en términos de acceso al conocimiento

Por su parte, Nacenta tuvo claro que nos hemos visto forzados a aprender y que lo que uno aprende así tiene un impacto distinto: “Soy un poco pesimista y la prueba de todo es que tenemos la urgencia de volver a lo normal. Aun así hay cosas que han ido surgiendo: hemos aprendido que sabemos menos de lo que pensamos, que tenemos la teoría pero cuando las cosas están jodidas… Por ejemplo, pensábamos que estábamos en un modelo de relación más abierta pero al final en la cuarentena estás en tu casa, en el modelo tradicional familia”.

El miedo, presente

Todos ellos destacaron el miedo que ha generado esta pandemia, que como explicó Berger, “nos lleva a lo que teníamos antes. Veo que muchos de los que quieren volver no son conscientes de que esa normalidad ha sido muy violenta para muchos…  ¿podríamos a través de  nuestro arte llegar a ellos y contribuir y emplear la crisis como un punto de partida para algo? Podría ser la manera de que los artistas participaran para crear conciencia”.

Además, Benítez reflexionó que  “por un lado, aparecen los discursos del miedo -refiriéndose al virus- pero también al otro, como agente de contacto posible, como un tipo de enemigo. Al mismo tiempo, observemos como esta política del miedo y la articulación neoliberal de nuestra producción tienen la capacidad de ofrecernos una vergüenza global en el contexto de una vacuna que no es un bien común”. Mientras que Berger aseguró que la cuestión del nosotros termina contemplando una perspectiva diferente al reconocer la pandemia como una crisis planetaria. Benítez, al hilo de esto,  aseguró que “cuando pensamos en avanzar, ¿quién tiene derecho de formar parte de este nosotros que avanza? ¿quién tiene los suficientes privilegios?”

Observemos como esta política del miedo y la articulación neoliberal de nuestra producción tienen la capacidad de ofrecernos una vergüenza global en el contexto de una vacuna que no es un bien común

Para Nacenta, “el miedo es una tecnología avanzada y terrible y se ha desarrollado a lo largo de toda la historia. Fue muy interesante descubrir que no sabemos casi nada de esta enfermedad. ¿Qué es lo que tememos? ¿Tenemos miedo del virus? Creo que sí y no. Cuando leemos las notas sobre este virus, que es malo y por qué, parece que sea inteligente. Luego está la cuestión del nosotros. ¿Qué es lo que tememos realmente? Yo me preocupo de mí mismo, del colectivo del que formo parte.  Está bien tener miedo, creo”. También Berger comentó que, como artistas, “el miedo nos motiva para ver cuál es nuestro espacio”.

Siguientes pasos para arte y ciencia

“Hay científicos que hablan de un futuro del virus como parte del genoma humano y eso nos permite explorar esos impactos en la evolución humana. Hay que reflexionar sobre el cuidado, no es novedoso, la incertidumbre, la crisis global… el lugar donde se conecta ciencia con arte y tecnología nos puede llevar a tener un papel clave en esa reflexión como artistas” afirmó Alsina.

Benítez añadió que “somos muy conscientes de que la crisis la hemos de vivir como una oportunidad, tenemos ese privilegio, y claro, algunos niveles de responsabilidad. Pensando en ese futuro como parte del genoma humano, deberíamos poner más atención respecto a las imbricaciones ontológicas y epistemológicas… Espero que estas prácticas híbridas, algunas relaciones que se producen con la biofricción, puedan abrir nuevas posibilidades para ayudar y articular la política del cuidado y la de la interdependencia. Espero tener la oportunidad de afianzar la importancia de la investigación pública para entender el conocimiento como un bien común no solo como un producto privado en términos cognitivos del capitalismo”. 

Abrir nuevas posibilidades para ayudar y articular la política del cuidado y la de la interdependencia

“La crisis debería llevarnos en esa dirección” dijo Nacenta, para quien el concepto de equilibrio resulta clave, “tenemos la responsabilidad de buscarlo juntos”. Como científica, Skoudy añadió que “tenemos la urgencia de tener una producción en este intercambio. Durante la pandemia, en cierta medida, he tenido tiempo para jugar y experimentar. Algunos artistas buscaban la excepcionalidad, lo que faltaba, y yo lo otro, el experimento”.

Tenemos la responsabilidad de buscar el equilibrio juntos

Para Berger imaginación era una palabra clave: “existe una especie de contrato entre la sociedad y la ciencia, basándonos en la imaginación. Lo que debemos conseguir, cuidar de nosotros mismos, es básicamente lo que prometemos. Subestimamos nuestras capacidades como artistas. Veo mucha presión hacia el arte para contribuir en la sociedad de modo que la imaginación se convierta en innovación”.

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