10 Escritoras que transformaron la literatura — Día de las Escritoras

17 octubre, 2020 10-escritoras-que-transformaron-la-literatura-dia-de-las-escritoras

El 19 de octubre 2020 se celebra el Día de las Escritoras. Una cita internacional que promueve la visibilidad de las mujeres cuya profesión se enmarca dentro de la escritura.

Nos sumamos a la iniciativa de la Biblioteca Nacional España #DíaDeLasEscritoras, juntamente con Biblioteca UOC, con 10 escritoras que transformaron la literatura. Una selección de GlobaLS, Global Literary Studies, grupo de investigación UOC. 


 

1. Isabelle Eberhardt (1877 – 1904)

Isabelle Eberhardt (1877, Ginebra/Suiza – 1904, Ain Sefra/Argelia). Hay autoras que cambian el curso de la historia al innovar las técnicas existentes y saber usar su creatividad y ponerla al servicio de la sociedad. Hay otras autoras que cambian la historia de manera más sutil, casi sin dejar vestigios en el mundo mismo de los estudios literarios. Esas autoras, en general, usan su propia vida haciendo de su cuerpo un instrumento de lucha y de sus escritos una herramienta de transformación de las mentes. Claro está que sus escritos son uno de los pocos rastros que dejan y que se encuentran ubicados, en general, al margen del centro de producción literaria.

Así mismo, sin cambiar la historia de la literatura, las experiencias de ese último tipo de escritoras representan actos de coraje tan impactantes que nos hace preguntar ¿qué habría sido de nosotras hoy si ellas no hubieran existido? Isabelle Eberhardt es una de estas escritoras. Ella ha usado su cuerpo y su pluma para abrir el camino para que hoy otras mujeres puedan cuestionar las expectativas sociales que se construyen sobre ellas.

La autora recomendada destaca también por la fuerza en que aparece en sus escritos su rechazo al lado más oculto del proceso civilizatorio colonial europeo: la dominación cultural. Ella no estaba de acuerdo con todo lo que la destrucción colonial había hecho con otras culturas, especialmente con las del Norte de África. Al leer el relato de sus viajes, la lectora/el lector pude sentirse un poco como un caballero árabe sin género definido que percurre un mundo hecho de arena que cambia al ritmo de nuestro caballo.

Isabelle nació en Suiza y murió aún muy joven a los 27 años víctima de un desbordamiento en la ciudad de Argelia que eligió para vivir. Ella fue una escritora viajera que muy a menudo usaba una identidad masculina, adoptando el seudónimo de Si Mahmoud Essadi, para ser libre y construir su identidad islámica de la manera que deseaba. Sus escritos nos enseñan sus sentimientos, el tema de género en el mundo europeo e islámico y también el contexto cultural, presentado de una forma más amplia.

Podéis seguir conociendo su vida y obra en esta biografía.

Isabelle Eberhardt



2. Gabriela Mistral (1889 – 1957)

Gabriela Mistral (Vicuña, 1889-Nueva York 1957), pseudónimo de Lucila Godoy Alcayaga en memoria de dos de sus principales referentes literarios: los escritores Gabriele D’Anunzio y el poeta occitano Frederic Mistral.

Gabriela Mistral fue la primera escritora latinoamericana en recibir el premio Nobel de Literatura en 1945 y su figura es particularmente interesante por el proyecto ERC por su faceta de mediadora cultural y su destacadísima red internacional.

Poeta, diplomática y pedagoga, Mistral hizo de puente entre algunas de las instituciones culturales europeas y americanas más importantes de su época y desarrolló un papel muy destacado en las redes internacionales de su tiempo, tanto en el ámbito de la literatura como en el ámbito de la educación pública.

Desde la década de los años 1920, Mistral llevó a cabo una labor diplomática muy activa y trabajó como difusora de la literatura chilena y latinoamericana en diferentes instituciones americanas y europeas como la Sociedad de Naciones de Ginebra o el Instituto Internacional de Cooperación intelectual. Entre 1933 y 1953, fue cónsul de su país en diferentes países de América y Europa. Asimismo, también ejerció de mediadora entre las diferentes culturas latinoamericanas, estableciendo por ejemplo relaciones muy estrechas con el mundo cultural mexicano. Mistral contribuyó también a la resituar el papel de la mujer de su tiempo, ejerciendo de directora de diferentes «Liceos para Señoritas», y siendo conferenciante invitada a diferentes universidades latinoamericanas y de EEUU.

En los últimos años la crítica feminista ha reivindicado su figura, aunque su obra y su propia biografía son, a veces, contradictorias y el posicionamiento de Mistral no siempre fue tan claro. Por ejemplo, no podemos asociar a Mistral en la actividad de las sufragistas de su tiempo y tampoco podemos afirmar que Mistral adentrara en los debates feministas de su época. Sin embargo, su obra y su vida permiten reflexionar sobre la construcción de una escritora que tuvo una vida pública muy sensata y que contribuyó a la profesionalización de su campo. En su faceta de educadora y pedagoga, Mistral también fue una defensora de los derechos de las niñas y de las mujeres. Como poeta hay que señalar sus obras Desolación, que se publicó en Nueva York en 1922, Tala y Lagar.

Mistral ha sido una escritora muy traducida y también muy influyente en autores como Pablo Neruda o el mexicano Octavio Paz. Su poesía se caracteriza por un lenguaje sencillo y coloquial y evoluciona desde un estilo modernista a una poesía más íntima y personal.


Gabriela Mistral



3. Zora Neale Hurston (1891-1960)

Zora Neale Hurston (Eatonville, 1891– 1960), nacida en uno de los primeros pueblos sólo para afroamericanos, Eatonville (Florida), Zora Neale Hurston es una de las escritoras afroamericanas más conocidas en Estados Unidos. Fue interesante especialmente dentro del movimiento reivindicativo de la Harlem Reinassance de la década de 1920 y 1930, junto a otras escritoras como Nella Larsen y otros escritores como Langston Hughes o James Weldon Johnson.

Zora Neale Hurston participó con fuerza de la configuración de una identidad afroamericana orgullosa de sus costumbres, sus tradiciones y sus tradiciones intelectuales y literarias. Esta se materializaba y se erigía en una gran estimación por el poder del arte de cambiar los comportamientos y las ideologías, en la línea que hermanaba todo arte con una acción política iniciada por el dictado de WEB Du Bois, «all arte is propaganda». En esta línea, Hurston escribe su novela más reconocida, de una fuerza extraordinarias y, también, de difícil lectura: Their eyes were watching God (1937), en el que reta a los lectores a comprender el lenguaje directo, oral, afroamericano , el llamado Black English, que se atreve a reivindicar como propio, un gesto atrevido ante la perspectiva de que la pronunciación de los afroamericanos había sido históricamente objeto de burla y de construcción del discurso racista. Así pues, Hurston recupera este hablar para elaborar literariamente y hacer un instrumento estético, para la comprensión del que algunos deberían hacer un esfuerzo. Más a fondo en el folclore, Hurston se adentra en el descubrimiento y registro de las tradiciones orales y religiosas de los afroamericanos y, en diálogo con su maestro Franz Boas, fue la primera antropóloga a ocuparse de este terreno aún para informar. Fruto de sus investigaciones en Haití alrededor de la cultura vodou, es el libro Tell My Horse (1938), todo un homenaje a las tradiciones afroamericanas y una reivindicación a la dignificación cultural.


Zora Neale Hurston



4. Edna St Vincent Millay (1892-1950) 

Etna St. Vincent Millay fue una poeta, dramaturga y feminista estadounidense, la primera mujer en recibir el Premio Pulitzer de Poesía.

Su poesía fue varias veces etiquetada como “modernismo sentimental” o bien “popular”. En su escritura introdujo otro tono, más directo y exuberante, en comparación al denominado al modernismo “masculino” (de poetas como Ezra Pound, T. S. Eliot, Wallace Stevens). Este subrayado “sentimentalismo” fue una manera de discriminar la poesía escrita por mujeres para mantenerla alejada de los grandes nombres del High Modernism o “modernismo intelectual” que acabó identificándose con el canon de la literatura contemporánea norteamericana. Asimismo, la vida libertaria de Edna (cultivó la bohemia neoyorquina, la bisexualidad, la pose y moda femenina como un arte dramático) terminó por eclipsar su obra. Como suele pasar en la literatura escrita por mujeres, el yo lírico -que practicaba con frecuencia en sus poemas- fue identificado por la crítica como su yo personal, minimizando lamentablemente su apuesta poética.

Desde comienzos de siglo, gracias a la reivindicación feminista, se han rescatado figuras como la de Edna, entre otras poetas modernistas mujeres, como Elizabeth Bishop, Gertrude Stein o Sara Teasdale. Esto ha permitido que Edna, desconocida hasta hace poco en España, cuente actualmente con una flamante antología en edición bilingüe Edna St. Vincent Millay. Antología poética preparada por la traductora Ana Mata Buil (Lumen, 2020), que se suma al volumen Un palacio en la arena, reunido y traducido por Andrés Catalán (Harpo Libros, 2017) y a la antología catalana de Marcel Riera (Quaderns Crema, 2017).

Edna ganó el Premio Pulitzer de Poesía en 1923 por «The Ballad of the Harp-Weaver», convirtiéndose en la tercera mujer galardonada de dicho premio pero la primera en recibirlo con ese nombre.



Edna St Vincent Millay



5. Marguerite Duras (1914-1996)

Marguerite Duras (Saigón, 1914 – París, 1996) es sin duda una de las figuras que ha marcado las letras de la segunda mitad del siglo XX.

En un contexto como es la Francia de los años 50, con un campo literario dominado por el reto que la insatisfacción con las técnicas de escritura tradicionales, Duras emerge proponiendo como respuesta la exploración de formas narrativas en que las ausencias y las interrupciones son tanto o más importantes que lo que efectivamente se dice. Probablemente sea esta ambivalencia entre lo que se dice y lo que no se dice, entre la expresividad de la palabra y la de las repeticiones y los silencios, la que permite hacer lecturas muy plurales de su obra, lo que, por su parte, puede contribuir a explicar la exitosa recepción de algunas de sus obras a nivel internacional.

Escritura experimental, pues, empujada por una voluntad de encontrar palabras y fórmulas que permitan expresar el carácter inefable de la experiencia humana. La experimentación y la búsqueda de nuevos recursos y modalidades expresivas es una constante en la trayectoria de la autora, la que incluye el cultivo de la novela, del guión de cine, del teatro y de los artículos de prensa, a veces experimentando con su hibridación. La búsqueda expresiva es por tanto uno de los aspectos que confiere unidad a la obra de Duras, una obra que de otro modo abarca una variedad de temáticas que permite la lectura desde miradas muy variadas: desde temas tan universales como son el amor y la muerte hasta la soledad o la problematización de la familia y de la pareja, Duras ha hecho también importantes contribuciones en cuanto a la plasmación literaria de grandes acontecimientos históricos desde la vivencia personal; a la exploración de las relaciones entre texto e imagen y, por tanto, entre literatura y cine, sin olvidar el interés que su obra presenta, desde una perspectiva literaria, por flirteo entre la autobiografía y la autoficción, o desde una perspectiva psicoanalítica.

En nuestro país, tenemos el placer de poder leer algunas obras de la mano de otras mujeres ilustres, como son Maria Aurèlia Capmany (Un dique contra el Pacífico, Ediciones 62, 1965), Marta Pessarrodona (El amante, Tusquets, 1985 y Savannah Bay, EDHASA, 1986) y Anna Casassas (Cuadernos de guerra y otros textos, Empúries, 2008). Otras obras de Marguerite Duras han sido traducidas por Carmen Vilaginés (El marino de Gibraltar, Ediciones 62, 1967), Joan Casas (Moderato Cantabile, Edhasa, 1986), Jaume Subirana (Yann Andréa Steiner, Proa, 1996) y Carme Sansa y Jordi Dauder (el teatro de la amante inglesa, Ediciones de 1984, 1996). Para más datos sobre las traducciones al catalán, véase: Luisa Cotoner Cerdó, «Las traducciones al catalán de Marguerite Duras: radiografía de una carencia» in: Montserrat Bacardí Tomás, Francesc Foguet y Boreu, Enric Gallén Miret (ed.), la literatura catalana contemporánea: intertextos, influencias y relaciones, Instituto de Estudios Catalanes; Universidad Autónoma de Barcelona, ​​2013.


Marguerite Duras



6. Toni Morrison (1931-2019)

La influencia de Toni Morrison en el campo literario transnacional, ¿ha sido mayor en tanto que escritora o en tanto que mediadora cultural? La pregunta es retórica. Pero aún así merece ser planteada.

Escritora, esta hija de una familia negra de clase obrera ha sido coronada con los mayores honores a los que todo creador y ciudadano de una nación democrática puede aspirar, entre ellos el Nobel de Literatura, el Premio Pulitzer, la Presidential Medal of Freedom, recibida de las manos de Barack Obama, o la Orden de la Legión de Honor francesa que le colgó Nicolas Sarkozy, y algunas de sus novelas han sido traducidas a más de 75 lenguas.

Su obra emerge de cuatrocientos años de historia del pueblo afroamericano y se hace exploradora y portavoz de ese pueblo y de esa historia. Pero no lo hace para las élites (blancas y masculinas) que detentan el capital cultural y político de ese país conquistado y conquistador en el que su propio pueblo sirvió de yunque o caldera (el pot en el melting pot que son los Estados Unidos de América, según ella misma dijo en alguna ocasión), sino para ese pueblo y con la lengua de ese pueblo desposeído y explotado y violado y linchado y ahorcado y asesinado, y en especial de la fracción de ese pueblo todavía más desposeída y explotada y violada y linchada y ahorcada y asesinada que fue y en la mayoría de los aspectos sigue siendo la fracción femenina. Esa misma labor la cultivó también en su rol de mediadora cultural. Profesora (en Howard, CUNY o Princeton entre otras), introdujo en el currículum y difundió entre el público universitario el respeto y el amor de otras voces de ese pueblo silenciado. Primera mujer negra editora en Random House y a lo largo de más de quince años, recopiló con sus propios esfuerzos, bajo el título The Black Book, un catálogo ingente de la infamia de la que su pueblo había sido víctima, y contribuyó a que encontrasen eco en la plaza pública voces del Civil Rights Movement o del Black Power como Angela Davis, Muhammad Ali, Huey Newton, June Jordan, Toni Cade Bambara, Gayle Jones o Lucille Clifton.

Toda una vida, pues, consagrada a la construcción de una sociedad más libre e igualitaria a la que, por desgracia, todavía le quedan a día de hoy demasiados pasos por dar antes de alcanzar la meta.


Toni Morrison



7. Svetlana Aleksiévitx (1948-)

Svetlana Aleksiévitx (1948-), Premio Nobel en 2015, ha sido traducida a más de 30 lenguas. Es una escritora muy interesante en el campo literario, porque su obra se sitúa en los límites de la novela (y la ficción) y ha sido capaz de hacer resonar internacionalmente experiencias individuales, locales ya menudo silenciadas, como las de los niños y las mujeres rusas durante la Segunda Guerra Mundial.


En Raig Verd podéis consultar su vida y obra.



8. Mariana Enríquez (1973-)

Mariana Enríquez (Buenos Aires, 1973), es periodista y narradora. Ha escrito relatos de viajes, perfiles, novelas y cuentos. Los peligros de fumar en la cama (Emecé Editores, 2009) y Las cosas que perdimos en el fuego (Anagrama, 2016) han sido publicados en revistas internacionales como Granta, Electric Literature, The New Yorker.

A los diecinueve años publicó su primera novela, Bajar es el peor (Espasa-Calpe, 1995), a la que siguieron Cómo desaparecer completamente (Emecé Editores, 2004); Chicos que Vuelva (Eduvim-Universidad Nacional de Villa María, 2010); Éste es el mar (Literatura Random House, 2017); y Nuestra parte del portal noche (Anagrama, 2019, Premio Herralde de Novela). Otras publicaciones suyas son: Mitología celta (Gradifco, 2003); Alguien camina sobre ti tumba. Mis viajes a cementerios (Galerna, 2013), y La hermana menor. Un retrato de Silvina Ocampo (Ediciones UDP, 2014).

En el siglo XXI, la literatura escrita por mujeres argentinas ha logrado un protagonismo internacional sin precedentes, ya que nunca antes se habían publicado tantas escritoras ni tampoco se les había otorgado este nivel de legitimidad, tanto desde la academia como desde el mercado , tanto desde marcos nacionales como internacionales. Mariana Enríquez forma parte de la llamada nueva narrativa argentina escrita por mujeres -entre las que destacan otros nombres como Mariana Dimópulos, Selva Almada, Laura Alcoba, Ariana Harwicz, María Gainza o la más mundializada de todas, Samanta Schweblin- que han adquirido protagonismo en la escena literaria global a través del cultivo de temas como el pasado dictatorial y sus traumas, los desaparecidos, la memoria y la herencia, el cuerpo, el amor romántico o la violencia contra las mujeres.

La obra de Enríquez es celebrada por considerarse una renovación del género de terror en la literatura argentina. Si bien la autora bebe de una tradición muy legitimada dentro de la tradición literaria argentina, ha contribuido a renovar el panorama literario internacional, que desde hace unos años parece ver en las narradoras de géneros como el terror, la fantasía o la distopía un potencial narrativo y económico. Lo que convierte Enríquez en una gran narradora de terror es la particularidad con la que traba el género con argumentos dramáticos relacionados con la memoria, la democracia inestable, la crisis económica, la familia, la infancia y la adolescencia, la delincuencia, las relaciones tóxicas o la desigualdad. La autora combina magistralmente situaciones y recursos más que reconocibles del género con otras soluciones que la alejan de sus códigos habituales, como el terror psicológico con vertientes sociales, la crudeza del lenguaje, el siniestro femenino, la mitología argentina, las influencias cinematográficas o las referencias a la cultura de masas.

Desde este radio internacional, Mariana Enríquez ha publicado una novela inspirada en la historia de la Argentina de los últimos cincuenta años. A su última novela, Nuestra parte del portal noche, Premio Herralde de Novela 2019, lo que parece una road movie protagonizada por un padre y un hijo que van de viaje en coche desde Buenos Aires a Iguazú en tiempos de dictadura, resulta en 700 páginas impregnadas de fuerzas desconocidas, sociedades secretas, médiums y otros elementos del género de terror que se entrelazan de forma brillante con el pasado reciente de Argentina.


Mariana Enríquez



9. Chimamanda Ngozi Adichie (1977-)

Chimamanda Ngozi Adichie (Enugu, Nigeria, 1977) es una escritora nigeriana contemporánea de ficción. Ha ganado numerosos premios literarios y ha sido traducida a numerosos idiomas, entre ellos todas sus novelas han sido traducidas al castellano.

Una autora que ha tenido mucha repercusión mediática y es ampliamente reconocida, a pesar de tratar temas polémicos. Entre estos, los que más resuenan en su obra encontramos la Guerra de Biafra (1967-1970) -que a menudo hace de telón de fondo o de background de los personajes que aparecen en sus novelas-, la situación de las mujeres en Nigeria y Estados Unidos desde una perspectiva feminista, el racismo sufrido por la gente racializada en Estados Unidos e incluso en Nigeria -expresamente en la embajada Estadounidense-, las desigualdades de clase tanto en Nigeria como en Estados Unidos -abordadas desde la crítica social, a partir del uso de la lengua, en el ámbito laboral, y en los entornos religioso y educativo especialmente-, los conflictos políticos en Nigeria – en especial las revueltas universitarias, la corrupción y la falta de libertad de expresión son temas comunes-, y el colonialismo y sus secuelas -abordado desde una perspectiva crítica, que deja entrever un desacuerdo con las políticas “internacionales” y una defensa de la cultura nigeriana tradicional a menudo arrasada por la imposición cultural propagada por parte de las misiones cristianas en Nigeria-. 

El tono de su novela es fresco y ligero, a pesar de abordar situaciones más bien controvertidas desde una pretensión a menudo de inocencia, sensación que se acrecenta gracias al punto de vista desde el que se abordan: a menudo personajes adolescentes, pre o post adolescentes, que se enfrentan a un mundo desigual y despiadado, en el que a menudo les cuesta encontrar reposo. A pesar de esta visión crítica del entorno, surgen a menudo estrategias de subversión emancipatorias que aportan esperanza y posibilidad de hermanamiento a través de y para las mujeres que, independientemente de la clase y la etnia, comparten su condición de mujer en el mundo.  

Su obra está escrita mayoritariamente en inglés y, asimismo, incluye palabras en igbo, la lengua de la etnia de la cual proviene. La lengua mayoritaria de las obras, el inglés, es uno de los motivos que ha favorecido la circulación de la obra. Y, por otro lado, la estrategia de inclusión de palabras en igbo que, al menos en la traducción al castellano, no son traducidas, pretende en cierto modo internacionalizar la cultura igbo. Cabría, en este sentido, preguntarse, si se trata de una buena estrategia para acercarnos a una cultura mayormente desconocida para el mundo occidental o si, por contra, acaba exotizando el lugar desde el que se escribe. 

Si os interesa saber más sobre la autora, aquí encontraréis un espacio dedicado por una profesora especializada en estudios postcoloniales de la Universidad de Liege. Asimismo, para información más general sobre la traducción de sus títulos y otros datos generales, podéis consultar su espacio web

Chimamanda Ngozi Adichie



10. Nino Kharatishvili (1983-)

Nino Kharatishvili (1983-) (o Haratischwili, como lo escriben la mayoría de editoriales, ya que traducen del alemán), es una autora georgiana que vive en alemania y escribe en alemán. No es que haya transformado la literatura propiamente, pero su obra La Octava vida (para la Brilka) con traducción en castellano en Alfaguara y seguidamente en catalán en Navona, es totalmente de alcance internacional. En este libro –que ha recibido muy buenas críticas-, cuenta la historia del siglo XX a través de las historias de seis generaciones de mujeres de un país pequeño, y que rara vez esté presente en los relatos de historia universal. Y además, es con perspectiva de género y con un gran trabajo de documentación, de archivos, detrás. Ha recibido varios premios alemanes y estuvo nominada al longlist del Booker Prize 2020. Es interesante incluirla, no sólo por su repercusión en el sector literario, también por la diversidad geográfica y cultural que representa.

“Es posible que esta extensa novela acabe convertida en un clásico.”

Masdearte.com



Nino Kharatishvili
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