Iconografía y análisis de la imagen por Ivan Rega

26 diciembre, 2017
S. Botticelli, La primavera, c. 1482.

Qué significa «leer» una imagen? Se puede leer la imagen como un texto? En el contexto actual en que vivimos, adentrados en la «sociedad de la imagen», todo donante por hecho que existe una «comunicación audiovisual» paralela en la «comunicación verbal», parece una tontería esta pregunta. Sin embargo, durante mucho de tiempo, la historia ha sido una disciplina «logocèntrica» (tendencia a posar el foco de atención en cualquier texto, en la palabra escrita), puesto que la noción de «fuente» era básicamente textual. En este asignatura no se pretende, pero, dejar de banda el textos, sino usar-los junto a las imágenes. Por lo tanto, parece razonable hablar de «leer» antes de que simplemente «mirar» cuadros, películas, fotografías o esculturas. Aun así el modelo de lectura de textos (desciframiento, descodificación) es solo una metáfora que usamos en cuanto a la interpretación de diferentes fenómenos o actos comunicativos en que interviene la imagen. Si una obra de arte, pero, es susceptible de ser leída, es decir, de entender o interpretar su significado, de comprender su sentido, seguramente hay maneras de hacerlo correctamente y otros de hacerlo mal. Es aquello el objetivo principal de esta asignatura —más allá de sus contenidos—, enseñar a «mirar» al alumnado, dado que no es una capacidad que se desarrolla en nosotros de manera innata, es decir, no es automática.

Nicola Scott and Romulo Fajardo, Jr., Portada de Wonder Woman Annual, vol. 5, #1 (Julio 2017).

Cuántas veces habéis visto una pintura o escultura de temática mitológica sin tener la más remota idea de los personajes y/o historias que representa? Sin un conocimiento razonable de la cultura clásica, somos incapaces de “leer” muchas obras del arte occidental —escultura, artes visuales, literatura, artes escénicas, ópera, cine, etc. —, que forman parte, incluso en la actualidad, de nuestra cultura visual y, en general, de la cultura popular contemporánea. Dado que la mitología clásica sigue presente en la literatura popular en forma de arquetipos (imágenes arquetípicas), tanto en la novela popular —en la tradición del folletín— como al cine de acción, pero especialmente a los cómico books de superhéroes —básicamente los de Marvel, DC Comics, y algunos más—.

La mitología ha sido una referencia habitual en el género: la ‘Wonder Woman’ fue concebida por Hipòlita, la reina de las amazonas, y dotada de sus atributos por Atenea; el Capitán América puerta el casco alado de Hermes y un escudo indestructible como el de Perseu. De hecho, Superman —creado en 1933 en las páginas del fanzine Science Fiction— constituye el inicio de una nueva mitología. En este sentido, el cómico y sus superhéroes de papel, junto con el cine de acción y las telesèries, constituyen un marco contemporáneo ideal para el desarrollo del arquetipo del héroe/semidiós.

Ticia, España rescata la Religión, c. 1572-1575.

Sin embargo, la iconografía no solo trata de santos o dioses, o del estudio de obras de arte en relación con sus fuentes textuales y visuales; es algo más. Este método de estudio alcanza cualquier manifestación de tipo figurativo, cualquier imagen en la acepción más amplia del término. Y tiene otras muchas aplicaciones dependiente del objeto de estudio, de la sociedad, de la época y de las relaciones que se establecen entre forma y contenido. La arquitectura, por ejemplo, puede ser objeto de estas lecturas, en la medida en que se entiende el edificio como una forma simbólica. También podemos abordar el estudio del paisaje o el arte del retrato, dado que la iconografía parte siempre del supuesto de la existencia de un lenguaje figurativo en el cual las imágenes adquieren un valor simbólico y, por lo tanto, un significado.

De hecho, ante un retrato podemos caer en el error de pensar, como la fotografía, que se trata de una representación exacta de la realidad, una simple instantánea o «reflejo» de un personaje determinado. Nada más alejado de la realidad. Tal como demuestran hoy en día los profesionales de la comunicación no verbal y las agencias publicitarias, hay reglas que rigen el fenómeno de la comunicación a través de la «nuestra» imagen, en cuanto que «imagen» metafórica del yo o «representación del yo» —como en una autofoto o «selfie» a nuestros días—. Del mismo modo, se puede suponer que los retratos hechos antes de 1900, anteriores a la fotografía, se ajustaban a un sistema de convenciones, más o menos formales, que tenían como finalidad representar el retratado de una manera determinada, en general favorable a su «representación».

H. Rigaud, Luís XIV, 1701.

Así pues, la creación de la imagen pública del rey u otros poderosos, no solo de género masculino, también femenino. Es interesante analizar como los monarcas europeos elaboraron o fabricaron su «imagen pública» con objeto de mostrar su poder y virtudes, a veces de manera muy evidente, con alegorías o elementos iconográficos fácilmente inteligibles por todos los estratos de la sociedad. Otras veces, en cambio, recurrieron a aperos mucho más intelectuales que solo hacían ir el alta cultura y las élites. Para expresarlo en términos más modernos, el que interesa la iconografía en este contexto es la propaganda y la ideología que se vehicula a través de los «medios de comunicación» visual de la época; de manera parecida al que sucede a las sociedades actuales.

 

Ivan Rega, profesor de la UdL y PRA de “Iconografía y análisis de la imagen” al Grado de Historia, Geografía e Historia del Arte UOC-UdL

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