Razones para un nuevo Máster de Historia del Mundo Contemporáneo

28 mayo, 2021
Peces decoratives amb cares de dirigents polítics

Hay quien se pregunta si tiene sentido desarrollar una nueva titulación cuando, como el resto de disciplinas humanísticas, la Historia ve cuestionado tanto su prestigio social como su presencia en el espacio público, asediada por el pragmatismo de la aplicabilidad y una mirada cada vez más economicista sobre la formación. Y, sin embargo, la respuesta es sí.

Algunas razones para proponer (y cursar) un nuevo Máster Universitario de Historia del Mundo Contemporáneo.

En primer lugar, necesitamos darnos cuenta como ciudadanía de la falacia que se esconde detrás de unos planteamientos que destierran las disciplinas que, precisamente, facilitan el pensamiento crítico y dialogan con la tradición. Nada lo ejemplifica mejor que darse cuenta de cómo, mientras se reduce la oferta y la demanda educatives genéricas, se intensifica la dedicación a las humanidades por parte de los centros de élite y de las clases dirigentes durante su etapa formativa y más allá. Esta paradoja resulta reveladora respecto a la falsedad de su supuesta inutilidad.

Se intensifica la dedicación a las humanidades por parte de los centros de élite y de las clases dirigentes durante su etapa formativa y más allá

En el caso de la Historia, aparte de los conocimientos, básicos para entender los orígenes del mundo actual y para dotarnos de las coordenadas interpretativas básicas, esta nos facilita una serie de herramientas metodológicas y, sobre todo, un método para pensar históricamente ya sí entender los procesos que caracterizan la experiencia humana. Parafraseando al historiador valenciano Pedro Ruiz Torres, la buena Historia es precisamente aquella que incita a pensar críticamente, a romper con el conformismo social y con las  fórmulas dadas, a construir una visión propia y depurada de tópicos y a formular interpretaciones del pasado útiles para encarar los interrogantes del presente y del futuro inmediatos.

En el mundo anglosajón, ya son diversas las voces que advierten contra esta segregación que acentúa las desigualdades. En palabras de la historiadora y divulgadora británica Kate Williams necesitamos más historia, y no menos. Porque, contra lo que dicen algunos, pensar históricamente sigue siendo relevante, pertinente y decisivo.

Aveedibya Dey (Unsplash)

En segundo lugar, sin menoscabar la vertiente económica y sin reducirla a la aplicabilidad inmediata, hay que entender el retorno social de una forma más amplia que abarca desde la complementariedad competencial con otros ámbitos y áreas de conocimiento –del periodismo a la economía, pasando por las ciencias políticas o la comunicación–, hasta la generación de contenidos para la creciente multiplicidad de plataformas. Nunca se había consumido tanta historia como ahora: desde series de televisión hasta equipamientos culturales de todo tipo, pasando por revistas y podcasts de divulgación o la novela y los cómics históricos. 

Nunca se había consumido tanta historia como ahora 

History in HD (Unsplash)

Eso nos lleva también a repensar la propia disciplina para hacerla evolucionar, para enriquecer su mirada, y para acercarnos a territorios de frontera y problemas actuales. La Historia no nos da recetas, ni nos permite adivinar el futuro, ni tan siquiera evita recaer en ciertos errores. Ahora bien, sin las coordenadas adecuadas y sin conocer los procesos previos, es evidente que partimos en desventaja a la hora de entender el presente y de imaginar posibles escenarios de futuro de inmediato. Por un lado, porque hay dinámicas que trascienden el momento concreto y piden ser entendidas y analizadas desde una mirada diacrónica. Por el otro, porque la metodología histórica nos permite acceder a un tipo de pensamiento donde la analogía, la crítica y las competencias movilizadas nos otorgan una ventaja tanto a la hora de entender y explicar el pasado como de facilitar la prospectiva respecto al mañana. 

Teniendo presente este terreno de juego, el nuevo Máster Universitario de Historia del Mundo Contemporáneopresenta tres claros rasgos distintivos. La primera característica es inherente a la propia UOC, a su modelo educativo y a su carácter on-line. Como afirma la historiadora británica Mary Beard, nuestra universidad ha encontrado la manera “de aprovechar el poder de las nuevas tecnologías para mejorar la experiencia de las nuevas generaciones”

Esto ha revertido en asignaturas capaces de asumir con naturalidad los textos y autores más recientes sobre historiografía, abrirse a las posibilidades de la ciencia de datos y colaborar con especialistas destacados de sus respectivos ámbitos de conocimiento. Porque no se trata, por ejemplo, de añadir unas gotas de perspectiva de género, sino de incorporar esta mirada de forma transversal, conscientes de que, en palabras de la historiadora Natalia Mora, sin ella no podemos entender, por ejemplo, transformaciones tan relevantes como los procesos de industrialización. 

CHUTTERSNAP (Unsplash)

El segundo hecho diferencial ya se explicita en el nombre de la nueva titulación y es la voluntad de una perspectiva realmente mundial y contemporánea. En este sentido, la cronología arranca con el surgimiento de la modernidad y comprende hasta el día de hoy, porque nos centramos en procesos históricos pertinentes y vivos, con cortes que no responden a criterios geográficos, sino temáticos. Eso nos lleva, por ejemplo, a hablar de las revoluciones productivas y de la más reciente globalización y uberización, analizando como su impacto, profundidad y calendario varía según la región analizada y, en cada caso, podemos identificar continuidades y diferencias. Por tanto, hablamos de Occidente pero también de Asia o de otras zonas del mundo, pero de una forma integrada y razonada. Sin una perspectiva global, nuestra comprensión siempre será limitada

Sin una perspectiva global, nuestra comprensión siempre será limitada. 

Y, finalmente, existe la voluntad de incorporar nuevas miradas tanto a través de aproximaciones que tienen presentes otros formatos y usos (también los abusos) de la historia, pero además cuestiones fronterizas con otras disciplinas, con raíces en el pasado y con continuidad en el presente. Por eso nos aproximamos, entre otros, al impacto de la ciencia y la tecnología en las diferentes realidades culturales, a la emergencia climática desde la ecología y los estudios ambientales, a los efectos de las epidemias, las migraciones o las crisis poblacionales desde la demografía; a los últimos trabajos sobre desigualdades económicas tanto desde la mirada política como la socioeconómica; o a las derivas iliberales y las esperanzas de colaboración transnacionales desde las ciencias políticas. Porque como recordó el historiador Josep Fontana, uno de sus maestros: “No es una ciencia fría lo que queremos, pero es una ciencia”

El historiador Josep Fontana (Wikimedia Commons)
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