Vulnerabilidades

18 noviembre, 2021

En el Día Mundial de la Filosofía, Miquel Seguró Mendlewicz, profesor de esta disciplina en los Estudios de Artes y Humanidades de la UOC, reflexiona sobre cómo la Filosofía nos puede ayudar a entender la vulnerabilidad.

La vida nos pone constantemente en situaciones que nos saturan, y en ocasiones en situaciones en las que nos sentimos claramente superados. Cuando esto sucede, entonces descubrimos que la condición vulnerable de nuestra existencia es real y palpable. En situaciones de prueba y de partimiento la vulnerabilidad se hace manifiesta, concreta y cotidiana, y el mundo que conocíamos muta de forma y de apariencia, haciendo que las herramientas que teníamos para hacerle frente se nos queden cortas.

Sin embargo, la lógica nos dice que para vivir momentos de vulnerabilidad manifiesta hay que ser, por lo pronto, susceptibles de ser vulnerables. Por eso, por ejemplo, no podemos volar, ya que no estamos en disposición de poder volar. La vulnerabilidad, pues, siempre está ahí, aquí y allá, en nosotros, aunque estemos acostumbrados a reconocerla cuando se nos hace muy evidente; es decir, cuando duele y es desgarrador. Al fin y al cabo, vulnerabilidad proviene de “vulnus”, que significa herida en latín.

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Publicación de Miquel Seguró (Ed. Herder, 2021)

Aún estamos inmersos en una pandemia en la que hemos tenido que aprender a convivir y lidiar con vulnerabilidades manifiestas. Tiempo en el que vivimos todo tipo de situaciones que han generado y generan mucho sufrimiento. Tiempo donde nos hemos descubierto manifiestamente necesidades, precarios, frágiles y llamados a ejercer una responsabilidad colectiva que ha demostrado, también de forma muy palmaria, que toda responsabilidad es en el fondo una corresponsabilidad.

Al fin y al cabo vulnerabilidad proviene de vulnus, que significa herida en latín

El prisma del individuo y su individualismo, en el que cada día vivimos y nos desarrollamos, representa una parte de la realidad. Ahora bien, este prisma puede convertirse en una nefasta ficción si no se acompaña y corrige con la otra parte de la realidad: que somos, como sabemos desde la Antigüedad, seres sociales. La vulnerabilidad no únicamente tiene que ver con nuestra individualidad como seres concretos, sino que es la categoría antropológica común. Todos somos vulnerables, sea o no nuestra situación de vulnerabilidad manifiesta.

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Ehimetalor Akhere Unuabona (Unsplash)

Ciertamente, hay situaciones de mucha vulnerabilidad manifiesta que es necesario hacer afrontar y tratar de superar. Son casos urgentes y que no permiten dilaciones. Vulnerabilidades de toda clase en las que la dependencia y la precariedad se hacen especialmente evidentes. Pero los vulnerables no son solo los otros. Los vulnerables somos todos. La vulnerabilidad es nuestra condición, y como tal es nuestro punto de encuentro y, por tanto, el punto de partida para la construcción de relaciones y sociedades.

Todos somos vulnerables, sea o no nuestra situación de vulnerabilidad manifiesta

Por otra parte, es preciso tener en cuenta lo siguiente: si vulnerable es nuestra condición, también lo es por todo lo que no tiene que ver con la dimensión de sufrimiento. Es precisamente porque somos vulnerables que también podemos dejarnos hechizar por un paisaje, que podemos contagiarnos de la alegría de los demás o que podemos empatizar con las ilusiones amorosas de quien nos la comparte, aunque no sean las nuestras. Pensar la vulnerabilidad en clave de antropología filosófica es pensar, pues, la condición de lo que encarnamos en todas sus dimensiones, también las positivas.

La filósofa Adriana Cavarero explora en este artículo una sugerente arqueología filosófica del concepto. Subraya un nombre, Emmanuel Lévinas, como el primero en tematizar la cuestión de la vulnerabilidad en la relación con la alteridad, en su caso. Es en el pensamiento de la ética donde la cuestión de la vulnerabilidad se pone de manifiesto, nos dice. De la ética y, por extensión, podríamos manifestar, de la política. Pero la cuestión de la vulnerabilidad está latente en todo lo que hacemos y pensamos. También en nuestra forma de conocer, donde estamos siempre abiertos a la duda ya la falibilidad, o en nuestra forma de reflexionarnos a nosotros mismos, donde descubrimos una cantidad indeterminable de influencias y afectaciones (educacionales, ambientales, económicas) que nos hace casi imposible poder responder a la pregunta de quiénes somos realmente. Por eso, la cuestión de la vulnerabilidad está muy presente en muchos pensadores de la historia de las ideas de Occidente, por no decir en todos, porque, de hecho, dedicarse a la filosofía es a todas luces pensar y trabajar a partir de la vulnerabilidad que encarnamos.

La cuestión de la vulnerabilidad está latente en todo lo que hacemos y pensamos

Dedicarse a la filosofía es estar dispuesto a vivir la vulnerabilidad en primera persona y compartirla con los demás. Si por filosofía entendemos el ejercicio cotidiano de preguntarse y repreguntarse por todo ello, empezando por las mismas certezas, filosofía es saberse a cada paso vulnerable. Es decir, saber que no se sabe completamente y que se está abierto a la palabra de los demás, saber que las respuestas conllevan más preguntas y que pensar, cómo vivir, se hace en plural: pensamos y convivimos.

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Milan Ivanovic (Unsplash)

La vulnerabilidad es la condición transversal que nos hace a todos ser co-dependientes, estar interconectados y convertirnos en corresponsables. Ciertamente, tenemos la opción de no hacerle caso y hacer como si no fuéramos vulnerables, pero eso ni mitiga nuestra fragilidad ni menos aún la hace desaparecer. Es más, al intentar reprimirla lo que también estamos hipotecando es nuestra capacidad de vivir la vida en todas sus expresiones. Porque ser vulnerables no significa solamente ser seres que sufrimos; significa también que somos seres afectables y por eso capaces de contemplar la belleza, de contagiarnos de las sonrisas y de explorar los caminos del cariño.

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